el pueblo de petro que pensara hay gente que cree que el caos es un foso pero no es una escalera bien alta.
Inflación se disparó en Colombia y alcanzó números no vistos en más de 20 años
La
inflación anual reportada hasta agosto de 2022, del 10,84 %, se ubicó
como la más alta en el país desde abril de 1999, cuando estuvo en el
11,17 %.
más reciente informe del Dane reveló que la inflación acumulada hasta agosto de 2022 es de un 10,84 %. Esto significa que en ese mes subió un 1,02 %, detalló el análisis.
Las cifras presentadas por el Dane confirman lo que muchos colombianos veían en el día a día: todo se está poniendo más caro y el peso se devalúa frente a monedas como el dólar o el euro.
Este 10,84 % de inflación acumulada representa la peor cifra que ha visto el país desde abril de 1999, cuando ese número se situaba en el 11,17 %, detalló El Colombiano.
“El resultado que estamos
entregando de 1,02 % se sale de todos los rangos de las expectativas y
nos muestra esas valoraciones que estaban haciendo los agentes del
mercado del desempeño de los precios en agosto. Hubo elementos que no
estaban percibidos como el rompimiento de la tendencia del
comportamiento de los alimentos”, expresó la subdirectora general
encargada del Dane, Julieth Solano, en palabras recogidas por ese diario.
El nuevo embajador de Venezuela en Colombia recibe un consulado en ruinas
La
sede diplomática en el norte de Bogotá ha sufrido un evidente deterioro
durante los años de abandono desde que los dos países rompieron
relaciones en 2019 .
Que la Paguen ellos,de mis impuestos esa vaina no la van a arreglar.
El
presidente de Venezuela contactó en medio de la campaña electoral a su
homólogo en Colombia a través de un intermediario anónimo para iniciar
unas relaciones que se han concretado esta semana
Gustavo Petro se comunica con sus asesores a través de una
aplicación de mensajería muy popular en Japón. Ahí recibe información
confidencial a la que contesta de manera muy escueta: ok, sí, no, hágase.
Apenas utiliza una o dos palabras. En mitad de la campaña electoral que
culminó con él envuelto en la banda presidencial, Petro recibió un
mensaje misterioso de un enviado de Nicolás Maduro. Solo esa persona,
que las partes mantienen por ahora en el anonimato, tuvo autorización
para trasladar recados entre uno y otro en el más estricto secreto.
Nadie, salvo los tres involucrados, estaban al tanto de este canal de
comunicación abierto de manera sorprendente.
Había
motivos de mucho peso para no revelar las conversaciones. Venezuela y
Colombia no tenían ningún tipo de relación desde 2019. El chavismo
consideraba al país vecino un enemigo que se había aliado con Estados
Unidos para derrocar al autoritario Maduro. El retrato del sucesor de
Chávez colgaba en los cuarteles colombianos
como el rostro del enemigo público número uno. Fueron constantes los
enfrentamientos dialécticos entre Maduro y el expresidente Iván Duque.
Un ambiente hostil, de guerra fría a pequeña escala, se vivía en la frontera. No existía entonces nada amigable que los uniera.
Petro, como los otros candidatos que tuvieron opciones
reales de ganar las elecciones, hablaba abiertamente de restablecer las
relaciones. La vía de aislar a Venezuela para provocar la caída de
Maduro había resultado un fracaso. La presidencia alternativa del
opositor Juan Guaidó no ha terminado de imponerse a nivel internacional.
A todos los efectos, Maduro ha seguido gobernando el país. Y Colombia no ha sacado ningún rédito de esta estrategia, según los internacionalistas. Las relaciones comerciales están congeladas. Miles de personas que viven en la franja entre las dos naciones han quedado aisladas, sus familias divididas.
Los comerciantes dejaron de obtener ingresos, lo que ha hecho que se
disparen los negocios ilegales o directamente criminales. Argumentar
todo eso durante la campaña electoral era una cosa, pero mantener una
vía de comunicación abierta con Maduro era algo muy distinto.
Es impresionante la sensiblería de los colombianos para aceptar como
derecho humano la imposición de lo razonablemente inaceptable como tal.
Desde hace muchos años hemos entendido una guerra de guerrillas,
aparentemente superada, como algo que le pertenece a otros, pero a
nosotros no.
Para no entrar en imprecisiones voy a reproducir lo que opinó e su
época Francisco de Goya acerca de la guerra de guerrillas: “es una
estrategia militar en la que pequeños grupos de combatientes, a menudo
paramilitares, civiles armados o irregulares, utilizan ataques móviles a
pequeña escala contra un enemigo mayor y menos versátil con el objetivo
de debilitarlo o vencerlo mediante una guerra de desgaste, en la cual
se evita confrontar directamente al enemigo, generalmente atacándolo de
forma imprecisa a escondidas. Estas tácticas pueden incluir emboscadas,
sabotajes, saqueos, incursiones, guerra relámpago, corte de las líneas
de suministro, secuestro de enemigos importantes e interceptación de las
comunicaciones”
Esa concepción de lucha se ha transformado en
otra muy parecida, más actualizada, a ella se le ha denominado guerra
híbrida, definida como “un conflicto armado en el que se utilizan toda
clase de medios y procedimientos ya sea la fuerza convencional o
cualquier otro medio irregular como la insurgencia, el terrorismo e
incluso otros más sofisticados mediante el empleo de las últimas
tecnologías y en las que la influencia sobre la población resulta vital”
Los conflictos híbridos contienen acciones de diferentes niveles con el
objetivo de desestabilizar al estado funcional y provocar una
polarización de su sociedad. Los grupos híbridos tratan de influenciar a
los estrategas políticos más destacados; por ejemplo, en la educación,
sindicatos, medios de producción y de comunicaciones, en las redes
sociales, procesos electorales. en los que se puede llegar a erosionar
la soberanía e integridad de nuestros países.
Las amenazas
híbridas siempre están orientadas a perseguir y hacer menor la
intensidad de las fuerzas contrarias, por eso pretenden erosionar la
confianza de los ciudadanos en sus empresas e instituciones; generar
desconfianza en el sistema democrático, político y administrativo;
socavar la cohesión social o los modelos sociales del Estado, de las
comunidades políticas o de las organizaciones internacionales;
fragilizar el sistema de gestión o gobierno para que tenga menos
capacidades y convencer de la decadencia de un sistema político o
empresarial, tanto a la población de la víctima como a su propia
población. El Ministerio de la Defensa de Colombia, a menudo está
informando que en ciertos escenarios han detectado una asociación de
miembros del ELN, disidencias de las Farc, Grupos del Clan del Golfos y
otros más que atacan a soldados regulares.
Ahora bien, toda esa
horda de acciones delictivas y de inseguridad que están viviendo muchas
ciudades de nuestro país son manifestaciones que encajan perfectamente
en todo el tema “en comento”. Muchos colombianos, incluso algunas
autoridades de gran valía han expresado como causa de esta inseguridad
que está asustando a la población a la inmigración venezolana, aunque
otros opinan que esto no es un problema exclusivamente de la inmigración
extranjera hacia nuestro país; es posible que ella forme parte de esas
amenazas híbridas, sin que los estemos calificando como xenófobos, pero
piensen ustedes ¿cómo se explica que cada día aumentan las persona en
Necoclí, Antioquia, provenientes de Cuba, Venezuela, Haití y hasta de
África bajo el pretexto de ir a Estados Unidos?. ¡Hágame el favor, vaya a
… y vuelva!
Estamos
perdiendo tiempo tratando de saber qué contiene la tal “paz total” de
Gustavo Petro. Es cierto que los voceros de la coalición Colombia Humana
dicen que esa frase resume lo que será la nueva administración.
Estamos perdiendo tiempo tratando de saber qué contiene la tal
“paz total” de Gustavo Petro. Es cierto que los voceros de la coalición
Colombia Humana dicen que esa frase resume lo que será la nueva
administración.
Pero nadie entiende nada. Rogarle a Petro que explique el alcance de
esa expresión es incurrir en candidez. El no explicará nada. El juego
consiste en ocultar el sentido real de ese asunto.
Nos equivocamos si examinamos sólo el aspecto exterior de esa
fórmula. La “paz total” de Petro no es una síntesis filosófica. Nada
tiene que ver con el humanismo de la “paz perpetua” de Kant ni con la
paz de Hobbes. Es, en realidad, una metáfora, una pirueta ideológica en
la que todo cabe.
No estamos ante una declaración leal. Estamos ante un ejemplo más de manipulación del lenguaje, tan útil en la guerra cultural.
Gramaticalmente, es una antifrase, donde la palabra central significa
lo contrario de su significado habitual. Conclusión: la verdad de esa
expresión hay que buscarla no en su literalidad aparente sino en el
contexto político de donde surge.
La “paz total” no anuncia solo la amnistía para las llamadas
“guerrillas”, las peores bandas criminales del país, ni el fin de la
extradición de narcotraficantes, ni el colapso de las Fuerzas Armadas de
Colombia. Esa frase va más allá y tiene que ver con el panorama
continental.
La “paz total” mira aún más lejos. Hay una guerra híbrida mundial que
tiene hoy como punto más álgido la guerra de agresión de Putin contra
Ucrania y la injerencia política en las democracias avanzadas. La “paz
total” de Petro se inscribe en ese escenario, menos lejano de Colombia
de lo que creemos.
Si vemos la cosa a escala parroquial no entenderemos qué está ocurriendo en Colombia.
Sin haber sido una consigna de campaña, la “paz total” es sinónimo de
desarme y antimilitarismo total, de destrucción industrial y de acción
masiva anticapitalista, bajo la excusa de la transición climática. La
Colombia de Petro no es más que un eslabón de un entramado
internacional, donde el país debe hacer lo que le dictan otros, sobre
todo las potencias totalitarias. La “paz total” es la dócil aceptación
de esa desbandada.
La llegada de Gustavo Petro al Palacio de Nariño es un resultado de
esa guerra híbrida mundial. La parte más importante de las decisiones
actuales de Petro corresponden a esa agenda. Nunca Colombia había tenido
un gobierno de tal abyección.
Cuando vemos a Putin chantajeando a Europa con sus exportaciones de
gas para frenar los ardores solidarios de Alemania y Francia con
Ucrania, descubrimos la gravedad de lo que está haciendo Petro con el
tema del gas, del petróleo y del carbón de Colombia. El discurso
“ecologista” del progresismo colombiano y sobre todo los anuncios de
Gustavo Petro durante la campaña presidencial de hundir la industria
petrolera de Colombia para obligar a Colombia a importar petróleo de
Venezuela, fue una excelente noticia para Putin.
Fuera de debilitar a Colombia, mediante una masiva transferencia de
recursos financieros a Venezuela, y de fortalecer el poder militar de
Venezuela, hay el riesgo de ver a Colombia atrapada y esclavizada por
triángulos de poder donde actúan no solo Venezuela sino también Cuba,
Nicaragua, México, Bolivia y Argentina.
Putin podría querer que Colombia incurra en el mismo error que
cometió Francia país que, ante la presión de los antinucleares verdes,
dañó su excelente dispositivo de energía atómica que hacía de Francia un
exportador de electricidad: 14 centrales fueron cerradas y una tercera
parte del dispositivo actual está parado. Hoy Francia debe importar
energía de cinco países europeos y comprar masivamente gas ruso. Francia
y Alemania dependen ahora, para la actividad industrial y el consumo
doméstico, del gas ruso.
¿Qué piensa Moscú de la voluntad de Petro de prohibir el fracking,
destruir Ecopetrol, el Cerrejón y el sector energético para que Colombia
no sea competencia directa para Rusia y no ayude a Europa en materia
energética? Colombia podría desarrollar ahora más que nunca su complejo
energético. Petro quiere impedir eso. Moscú no vería con malos ojos que
Colombia termine convertida, a corto plazo, en una especie de Ucrania,
un pueblo libre que algunos quieren borrar del mapa.
La “paz total” es eso: docilidad ante el totalitarismo y guerra a Colombia.
Parte dos del articulo me parece interesante que este vasto informe este en una pagina de ganaderos y no un medio nacional importante
Había que hacer elegir a Gustavo Petro, al precio que fuera
Petro no fue elegido por los colombianos: él es el beneficiario de un
fraude de amplio espectro y de una amnesia colectiva ulterior bien
fabricada. La palabra fraude se convirtió en un tabú. La guerra híbrida
requiere no solo acciones violentas sino también de capítulos de
confusión, traición y conformismo. Es lo que estamos viviendo en
Colombia.
Hemos olvidado que las elecciones legislativas y presidenciales de
2022 fueron objeto, durante meses, de maniobras audaces y precisas como
nunca antes había visto Colombia en su historia.
Hemos olvidado, por ejemplo, que el 8 de diciembre de 2020 fueron
expulsados de Colombia dos espías rusos, uno del GRU y otro del SVR, que
espiaban con drones varios puntos de la infraestructura petrolera y
energética de Ecopetrol. No sabemos cuántos otros de esos bonzos siguen
en el país, bajo la forma de oficiales y clandestinos. La embajada rusa
en Colombia cuenta con una cantidad de funcionarios similar a la que
Moscú tiene en el Reino Unido. El Tiempo, basado en informes de
inteligencia, informó en diciembre de 2020 que desde 2017 habían llegado
a Colombia, “al menos 23 ‘diplomáticos’ rusos con perfiles atípicos y
nexos con las agencias de inteligencia rusas” (1).
En todo caso, Aleksandr Nikolayevich Belousov y Aleksandr Paristov,
no eran primíparos: habían sido expulsados por actos de espionaje de
Noruega, Bulgaria, Austria, Eslovaquia y la República Checa.
Esos dos agentes estuvieron metidos también en la cuestión política
de Colombia y recorrieron barrios populares comprando información y
voluntades. Hemos olvidado que la contrainteligencia colombiana, ayudada
por servicios americanos y británicos, descubrieron el otro aspecto de
las tareas de los dos rusos: interferir en las elecciones de 2022.
A nadie le extrañó que el partido FARC, en los días de esas
expulsiones, tratara de defender las andanzas de los dos individuos
ridiculizando lo que decía el gobierno de Iván Duque.
Hemos olvidado que Noticias RCN publicó en marzo de 2022 denuncias
sobre supuestos envíos de dinero desde Rusia a cuentas bancarias en
Colombia que tendrían como objetivo financiar “acciones de grupos
interesados en desestabilizar el orden público e interferir en la
jornada de elecciones”. Y que El Tiempo denunció que operadores rusos
habían participado en la “financiación de disturbios en Bogotá y en una
operación de lavado de activos” que coincidían con la campaña
presidencial en ese momento. Hemos olvidado que, en mayo de 2021,
durante las violentas protestas contra el gobierno, Colombia culpó a
Rusia de estar vinculada a ciberataques contra plataformas web
oficiales, lo que la embajada rusa rechazó acusando a Colombia de
“rusofobia”.
Las olas de masiva violencia urbana, disfrazada de “protesta social”,
en 2020 y 2021, dejaron centenas de muertos y heridos y aterrorizaron
al país.
Hemos olvidado que, para comenzar esa serie de anomalías, el partido
CD, durante la consulta interna y al cabo de maniobras poco claras,
apartó a la candidata presidencial más combativa y potencialmente
ganadora y escogió el candidato más débil. Hemos olvidado que la técnica
de la silla vacía (Petro sin contendor real) se repitió cuando el
electorado antipetrista se quedó sin candidato (el rival de Petro no
movió un dedo para ganar la segunda vuelta).
De esas semanas terribles solo recordamos quizás la historia del
software mágico, de origen venezolano y vendido por socialistas
españoles a la Registraduría, para que definiera el escrutinio de esas
elecciones.
Recordamos que la Registraduría había privatizado, desde la
presidencia de Juan Manuel Santos, gran parte de sus funciones y que las
elecciones sufrieron el control de esa clique privada y que la
Registraduría sigue dirigida por un militante santista. Hemos olvidado
que el registrador Alexander Vega tuvo que reconocer que durante la
elección legislativa se le “perdieron” 1’026.000 votos, y que hubo
23.000 formularios mal diligenciados y que en 5.109 mesas los jurados
cometieron errores y actos dolosos.
Hemos olvidado que hubo, además, el asunto de la cedulación masiva de
inmigrantes venezolanos, que hubo un aumento notable de entrega de
cédulas colombianas originales en varios departamentos, sobre todo en
Norte de Santander, Atlántico y Guajira, y que la mayoría fue emitida
fraudulentamente a todo tipo de personas, como había ocurrido ya en
otros países del continente.
Hemos olvidado que las cifras del censo electoral, dadas por El
Tiempo, fueron alarmantes: entre 2014 y 2020, 568.825 venezolanos
pidieron ser reconocidos como colombianos y que, al final, 379.334 de
ellos pudieron votar en Colombia (2).
¿Colombia es un vasto potrero?
Hemos olvidado que el presidente Iván Duque, el 25 de junio de 2021,
al comienzo de la campaña electoral y en medio del sangriento “paro
cívico” (del 28 de abril al 27 de junio) fue objeto de un atentado. Que
el helicóptero en el que él viajaba, en compañía de los ministros de
Defensa, Diego Molano, del Interior, Daniel Palacios, y del gobernador
de Norte de Santander, Silvano Serrano, recibió seis impactos de bala de
francotiradores en una zona limítrofe con Venezuela. Y que horas
después fueron encontrados por las autoridades, en el lugar del
atentado, dos fusiles, entre ellos uno ruso, AK-47, con un alcance de
443 metros en modo semiautomático y perteneciente, según la prensa, a la
Fuerza Armada Bolivariana.
Hemos olvidado que un segundo plan para matar al presidente Duque fue
descubierto. La revista Semana escribió que otros francotiradores
“tenían la orden de dispararle a las turbinas del avión presidencial”,
durante la maniobra de aterrizaje en la pista de Catam. La prensa
informó poco después que los capturados confirmaron que las “disidencias
de las FARC”, cuya jefatura se esconde en Venezuela, habían llegado a
Bogotá “para cometer ese magnicidio”.
Sin la guerra híbrida mundial operaciones combinadas de tal grado de sofisticación no habrían alcanzado sus objetivos.
La “paz total” se ve reflejada también en los planes de Francia
Márquez y Gustavo Petro quienes conciben el país como un vasto potrero o
“territorio” que puede ser modificado según los caprichos del
gobernante de turno. El concepto de “territorio” de ellos viene del
acuerdo final de las FARC con Santos. La primera, pretende alterar la
geografía política de Colombia con la creación de un departamento
“autonómico” (con 63 municipios de Antioquia, Chocó, Cauca, Valle del
Cauca y Nariño) que cubriría todo el litoral pacífico para darle a su
partido el control del eje estratégico Cali-Buenaventura, por donde
entra la mitad de las importaciones de Colombia, y de toda salida hacia
el continente asiático.
Petro anunció, por su parte, el 20 de agosto, la creación de otro
mega departamento, en la región del Magdalena Medio. Quienes se oponen
ven en ello la creación de dos “repúblicas independientes” en zonas
claves del país dominadas hoy por el narcotráfico y la criminalidad. La
idea de Petro es que en esos nuevos departamentos las Fuerzas Militares,
la Policía y la Armada Nacional, así como la Fiscalía y la
Procuraduría, respondan a una óptica descentralizada, lo que equivale a
dinamitar la noción constitucional de República unitaria y la noción de
fuerza pública nacional, prevista en el artículo 216 de la Carta Magna.
Las Fuerzas Armadas son el brazo secular encargado de la defensa del
país. La “paz total” aspira, en cambio, a paralizar esas fuerzas. Les
ordenan que prioricen el “diálogo” con los agresores en situaciones
críticas de orden público, como en las invasiones de tierras, los
bloqueos de vías, etc. Esa línea pretende prohibir la erradicación de
los cultivos ilegales y el bombardeo de los bastiones narco-terroristas.
Oscar Montes, un fino analista, escribía en El Heraldo algo que ya es
una especie de clamor nacional: “La sensación que queda es que el Estado
no está negociando con los criminales, sino que se está entregando”
(3).
Así, empleando un lenguaje esotérico y mintiendo sobre los objetivos,
la “paz total” emerge como un plan secreto y continental que el país
debe seguir, aunque ello termine por hacer de Colombia la provincia de
un poder transnacional.
Es obvio, que ese plan no será impuesto sin tener que vencer la
voluntad de millones de colombianos que quieren vivir en un país libre y
soberano. Petro aspira a seguir esa fatídica agenda a sabiendas de que
tiene un tiempo limitado.
Un eventual regreso de los republicanos a los controles del poder
legislativo y ejecutivo en Estados Unidos, en septiembre de 2022, y en
noviembre de 2024, y una derrota de Rusia en Ucrania, son hechos que
podrían ponerle fin a la falsa revolución.
Antes de llegar a ese instante, la resistencia a las reformas de
Petro va a ser intensificada. En esas condiciones ¿qué línea adoptar
ante el programa de la “paz total”? ¿Una “oposición constructiva”? ¿Qué
puede haber de decente y respaldable en la agenda de Petro? ¿El país
debe doblegarse ante ciertos cambios y hacer, al mismo tiempo,
contorsiones y gestos ineficaces ante otros? ¿El país debe despojarse de
ilusiones y organizar la lucha intransigente contra la política del
nuevo régimen? Los 10 millones de electores que votaron contra ese
personaje tienen la palabra.
la gente del comun no sabe que estamos en una nueva guerra pero por la supervivencia del Estado y Republica de colombia y la libertad economica , personal se vienen tiempos Turbulentos
Pues no sé si RCN le está dando una mano a ese senador con esa entrevista o ya ha hecho la izquierda el montaje para el lavado de cara. Por qué según un Twitter del " abuelo emberracado" Era un menor gay ,el que quería meter en el hotel y no una prostituta.
Pues no sé si RCN le está dando una mano a ese senador con esa entrevista o ya ha hecho la izquierda el montaje para el lavado de cara. Por qué según un Twitter del " abuelo emberracado" Era un menor gay ,el que quería meter en el hotel y no una prostituta.
Comentarios
Inflación se disparó en Colombia y alcanzó números no vistos en más de 20 años
La inflación anual reportada hasta agosto de 2022, del 10,84 %, se ubicó como la más alta en el país desde abril de 1999, cuando estuvo en el 11,17 %.
más reciente informe del Dane reveló que la inflación acumulada hasta agosto de 2022 es de un 10,84 %. Esto significa que en ese mes subió un 1,02 %, detalló el análisis.Las cifras presentadas por el Dane confirman lo que muchos colombianos veían en el día a día: todo se está poniendo más caro y el peso se devalúa frente a monedas como el dólar o el euro.
Este 10,84 % de inflación acumulada representa la peor cifra que ha visto el país desde abril de 1999, cuando ese número se situaba en el 11,17 %, detalló El Colombiano.
El nuevo embajador de Venezuela en Colombia recibe un consulado en ruinas
La sede diplomática en el norte de Bogotá ha sufrido un evidente deterioro durante los años de abandono desde que los dos países rompieron relaciones en 2019 .
El contacto secreto entre Petro y Maduro
El presidente de Venezuela contactó en medio de la campaña electoral a su homólogo en Colombia a través de un intermediario anónimo para iniciar unas relaciones que se han concretado esta semana
Gustavo Petro se comunica con sus asesores a través de una aplicación de mensajería muy popular en Japón. Ahí recibe información confidencial a la que contesta de manera muy escueta: ok, sí, no, hágase. Apenas utiliza una o dos palabras. En mitad de la campaña electoral que culminó con él envuelto en la banda presidencial, Petro recibió un mensaje misterioso de un enviado de Nicolás Maduro. Solo esa persona, que las partes mantienen por ahora en el anonimato, tuvo autorización para trasladar recados entre uno y otro en el más estricto secreto. Nadie, salvo los tres involucrados, estaban al tanto de este canal de comunicación abierto de manera sorprendente.
Había motivos de mucho peso para no revelar las conversaciones. Venezuela y Colombia no tenían ningún tipo de relación desde 2019. El chavismo consideraba al país vecino un enemigo que se había aliado con Estados Unidos para derrocar al autoritario Maduro. El retrato del sucesor de Chávez colgaba en los cuarteles colombianos como el rostro del enemigo público número uno. Fueron constantes los enfrentamientos dialécticos entre Maduro y el expresidente Iván Duque. Un ambiente hostil, de guerra fría a pequeña escala, se vivía en la frontera. No existía entonces nada amigable que los uniera.
Petro, como los otros candidatos que tuvieron opciones reales de ganar las elecciones, hablaba abiertamente de restablecer las relaciones. La vía de aislar a Venezuela para provocar la caída de Maduro había resultado un fracaso. La presidencia alternativa del opositor Juan Guaidó no ha terminado de imponerse a nivel internacional. A todos los efectos, Maduro ha seguido gobernando el país. Y Colombia no ha sacado ningún rédito de esta estrategia, según los internacionalistas. Las relaciones comerciales están congeladas. Miles de personas que viven en la franja entre las dos naciones han quedado aisladas, sus familias divididas. Los comerciantes dejaron de obtener ingresos, lo que ha hecho que se disparen los negocios ilegales o directamente criminales. Argumentar todo eso durante la campaña electoral era una cosa, pero mantener una vía de comunicación abierta con Maduro era algo muy distinto.
https://elpais.com/america-colombia/2022-09-04/el-contacto-secreto-entre-petro-y-maduro.html
Es impresionante la sensiblería de los colombianos para aceptar como derecho humano la imposición de lo razonablemente inaceptable como tal. Desde hace muchos años hemos entendido una guerra de guerrillas, aparentemente superada, como algo que le pertenece a otros, pero a nosotros no.
Para no entrar en imprecisiones voy a reproducir lo que opinó e su época Francisco de Goya acerca de la guerra de guerrillas: “es una estrategia militar en la que pequeños grupos de combatientes, a menudo paramilitares, civiles armados o irregulares, utilizan ataques móviles a pequeña escala contra un enemigo mayor y menos versátil con el objetivo de debilitarlo o vencerlo mediante una guerra de desgaste, en la cual se evita confrontar directamente al enemigo, generalmente atacándolo de forma imprecisa a escondidas. Estas tácticas pueden incluir emboscadas, sabotajes, saqueos, incursiones, guerra relámpago, corte de las líneas de suministro, secuestro de enemigos importantes e interceptación de las comunicaciones”Esa concepción de lucha se ha transformado en otra muy parecida, más actualizada, a ella se le ha denominado guerra híbrida, definida como “un conflicto armado en el que se utilizan toda clase de medios y procedimientos ya sea la fuerza convencional o cualquier otro medio irregular como la insurgencia, el terrorismo e incluso otros más sofisticados mediante el empleo de las últimas tecnologías y en las que la influencia sobre la población resulta vital” Los conflictos híbridos contienen acciones de diferentes niveles con el objetivo de desestabilizar al estado funcional y provocar una polarización de su sociedad. Los grupos híbridos tratan de influenciar a los estrategas políticos más destacados; por ejemplo, en la educación, sindicatos, medios de producción y de comunicaciones, en las redes sociales, procesos electorales. en los que se puede llegar a erosionar la soberanía e integridad de nuestros países.
Las amenazas híbridas siempre están orientadas a perseguir y hacer menor la intensidad de las fuerzas contrarias, por eso pretenden erosionar la confianza de los ciudadanos en sus empresas e instituciones; generar desconfianza en el sistema democrático, político y administrativo; socavar la cohesión social o los modelos sociales del Estado, de las comunidades políticas o de las organizaciones internacionales; fragilizar el sistema de gestión o gobierno para que tenga menos capacidades y convencer de la decadencia de un sistema político o empresarial, tanto a la población de la víctima como a su propia población. El Ministerio de la Defensa de Colombia, a menudo está informando que en ciertos escenarios han detectado una asociación de miembros del ELN, disidencias de las Farc, Grupos del Clan del Golfos y otros más que atacan a soldados regulares.
Ahora bien, toda esa horda de acciones delictivas y de inseguridad que están viviendo muchas ciudades de nuestro país son manifestaciones que encajan perfectamente en todo el tema “en comento”. Muchos colombianos, incluso algunas autoridades de gran valía han expresado como causa de esta inseguridad que está asustando a la población a la inmigración venezolana, aunque otros opinan que esto no es un problema exclusivamente de la inmigración extranjera hacia nuestro país; es posible que ella forme parte de esas amenazas híbridas, sin que los estemos calificando como xenófobos, pero piensen ustedes ¿cómo se explica que cada día aumentan las persona en Necoclí, Antioquia, provenientes de Cuba, Venezuela, Haití y hasta de África bajo el pretexto de ir a Estados Unidos?. ¡Hágame el favor, vaya a … y vuelva!
La fábula de la paz total
Estamos perdiendo tiempo tratando de saber qué contiene la tal “paz total” de Gustavo Petro. Es cierto que los voceros de la coalición Colombia Humana dicen que esa frase resume lo que será la nueva administración.
Pero nadie entiende nada. Rogarle a Petro que explique el alcance de esa expresión es incurrir en candidez. El no explicará nada. El juego consiste en ocultar el sentido real de ese asunto.
Nos equivocamos si examinamos sólo el aspecto exterior de esa fórmula. La “paz total” de Petro no es una síntesis filosófica. Nada tiene que ver con el humanismo de la “paz perpetua” de Kant ni con la paz de Hobbes. Es, en realidad, una metáfora, una pirueta ideológica en la que todo cabe.
No estamos ante una declaración leal. Estamos ante un ejemplo más de manipulación del lenguaje, tan útil en la guerra cultural.
Gramaticalmente, es una antifrase, donde la palabra central significa lo contrario de su significado habitual. Conclusión: la verdad de esa expresión hay que buscarla no en su literalidad aparente sino en el contexto político de donde surge.
La “paz total” no anuncia solo la amnistía para las llamadas “guerrillas”, las peores bandas criminales del país, ni el fin de la extradición de narcotraficantes, ni el colapso de las Fuerzas Armadas de Colombia. Esa frase va más allá y tiene que ver con el panorama continental.
La “paz total” mira aún más lejos. Hay una guerra híbrida mundial que tiene hoy como punto más álgido la guerra de agresión de Putin contra Ucrania y la injerencia política en las democracias avanzadas. La “paz total” de Petro se inscribe en ese escenario, menos lejano de Colombia de lo que creemos.
Si vemos la cosa a escala parroquial no entenderemos qué está ocurriendo en Colombia.
Sin haber sido una consigna de campaña, la “paz total” es sinónimo de desarme y antimilitarismo total, de destrucción industrial y de acción masiva anticapitalista, bajo la excusa de la transición climática. La Colombia de Petro no es más que un eslabón de un entramado internacional, donde el país debe hacer lo que le dictan otros, sobre todo las potencias totalitarias. La “paz total” es la dócil aceptación de esa desbandada.
La llegada de Gustavo Petro al Palacio de Nariño es un resultado de esa guerra híbrida mundial. La parte más importante de las decisiones actuales de Petro corresponden a esa agenda. Nunca Colombia había tenido un gobierno de tal abyección.
Cuando vemos a Putin chantajeando a Europa con sus exportaciones de gas para frenar los ardores solidarios de Alemania y Francia con Ucrania, descubrimos la gravedad de lo que está haciendo Petro con el tema del gas, del petróleo y del carbón de Colombia. El discurso “ecologista” del progresismo colombiano y sobre todo los anuncios de Gustavo Petro durante la campaña presidencial de hundir la industria petrolera de Colombia para obligar a Colombia a importar petróleo de Venezuela, fue una excelente noticia para Putin.
Fuera de debilitar a Colombia, mediante una masiva transferencia de recursos financieros a Venezuela, y de fortalecer el poder militar de Venezuela, hay el riesgo de ver a Colombia atrapada y esclavizada por triángulos de poder donde actúan no solo Venezuela sino también Cuba, Nicaragua, México, Bolivia y Argentina.
Putin podría querer que Colombia incurra en el mismo error que cometió Francia país que, ante la presión de los antinucleares verdes, dañó su excelente dispositivo de energía atómica que hacía de Francia un exportador de electricidad: 14 centrales fueron cerradas y una tercera parte del dispositivo actual está parado. Hoy Francia debe importar energía de cinco países europeos y comprar masivamente gas ruso. Francia y Alemania dependen ahora, para la actividad industrial y el consumo doméstico, del gas ruso.
¿Qué piensa Moscú de la voluntad de Petro de prohibir el fracking, destruir Ecopetrol, el Cerrejón y el sector energético para que Colombia no sea competencia directa para Rusia y no ayude a Europa en materia energética? Colombia podría desarrollar ahora más que nunca su complejo energético. Petro quiere impedir eso. Moscú no vería con malos ojos que Colombia termine convertida, a corto plazo, en una especie de Ucrania, un pueblo libre que algunos quieren borrar del mapa.
La “paz total” es eso: docilidad ante el totalitarismo y guerra a Colombia.
Había que hacer elegir a Gustavo Petro, al precio que fuera
Petro no fue elegido por los colombianos: él es el beneficiario de un fraude de amplio espectro y de una amnesia colectiva ulterior bien fabricada. La palabra fraude se convirtió en un tabú. La guerra híbrida requiere no solo acciones violentas sino también de capítulos de confusión, traición y conformismo. Es lo que estamos viviendo en Colombia.
Hemos olvidado que las elecciones legislativas y presidenciales de 2022 fueron objeto, durante meses, de maniobras audaces y precisas como nunca antes había visto Colombia en su historia.
Hemos olvidado, por ejemplo, que el 8 de diciembre de 2020 fueron expulsados de Colombia dos espías rusos, uno del GRU y otro del SVR, que espiaban con drones varios puntos de la infraestructura petrolera y energética de Ecopetrol. No sabemos cuántos otros de esos bonzos siguen en el país, bajo la forma de oficiales y clandestinos. La embajada rusa en Colombia cuenta con una cantidad de funcionarios similar a la que Moscú tiene en el Reino Unido. El Tiempo, basado en informes de inteligencia, informó en diciembre de 2020 que desde 2017 habían llegado a Colombia, “al menos 23 ‘diplomáticos’ rusos con perfiles atípicos y nexos con las agencias de inteligencia rusas” (1).
En todo caso, Aleksandr Nikolayevich Belousov y Aleksandr Paristov, no eran primíparos: habían sido expulsados por actos de espionaje de Noruega, Bulgaria, Austria, Eslovaquia y la República Checa.
Esos dos agentes estuvieron metidos también en la cuestión política de Colombia y recorrieron barrios populares comprando información y voluntades. Hemos olvidado que la contrainteligencia colombiana, ayudada por servicios americanos y británicos, descubrieron el otro aspecto de las tareas de los dos rusos: interferir en las elecciones de 2022.
A nadie le extrañó que el partido FARC, en los días de esas expulsiones, tratara de defender las andanzas de los dos individuos ridiculizando lo que decía el gobierno de Iván Duque.
Hemos olvidado que Noticias RCN publicó en marzo de 2022 denuncias sobre supuestos envíos de dinero desde Rusia a cuentas bancarias en Colombia que tendrían como objetivo financiar “acciones de grupos interesados en desestabilizar el orden público e interferir en la jornada de elecciones”. Y que El Tiempo denunció que operadores rusos habían participado en la “financiación de disturbios en Bogotá y en una operación de lavado de activos” que coincidían con la campaña presidencial en ese momento. Hemos olvidado que, en mayo de 2021, durante las violentas protestas contra el gobierno, Colombia culpó a Rusia de estar vinculada a ciberataques contra plataformas web oficiales, lo que la embajada rusa rechazó acusando a Colombia de “rusofobia”.
Las olas de masiva violencia urbana, disfrazada de “protesta social”, en 2020 y 2021, dejaron centenas de muertos y heridos y aterrorizaron al país.
Hemos olvidado que, para comenzar esa serie de anomalías, el partido CD, durante la consulta interna y al cabo de maniobras poco claras, apartó a la candidata presidencial más combativa y potencialmente ganadora y escogió el candidato más débil. Hemos olvidado que la técnica de la silla vacía (Petro sin contendor real) se repitió cuando el electorado antipetrista se quedó sin candidato (el rival de Petro no movió un dedo para ganar la segunda vuelta).
De esas semanas terribles solo recordamos quizás la historia del software mágico, de origen venezolano y vendido por socialistas españoles a la Registraduría, para que definiera el escrutinio de esas elecciones.
Recordamos que la Registraduría había privatizado, desde la presidencia de Juan Manuel Santos, gran parte de sus funciones y que las elecciones sufrieron el control de esa clique privada y que la Registraduría sigue dirigida por un militante santista. Hemos olvidado que el registrador Alexander Vega tuvo que reconocer que durante la elección legislativa se le “perdieron” 1’026.000 votos, y que hubo 23.000 formularios mal diligenciados y que en 5.109 mesas los jurados cometieron errores y actos dolosos.
Hemos olvidado que hubo, además, el asunto de la cedulación masiva de inmigrantes venezolanos, que hubo un aumento notable de entrega de cédulas colombianas originales en varios departamentos, sobre todo en Norte de Santander, Atlántico y Guajira, y que la mayoría fue emitida fraudulentamente a todo tipo de personas, como había ocurrido ya en otros países del continente.
Hemos olvidado que las cifras del censo electoral, dadas por El Tiempo, fueron alarmantes: entre 2014 y 2020, 568.825 venezolanos pidieron ser reconocidos como colombianos y que, al final, 379.334 de ellos pudieron votar en Colombia (2).
¿Colombia es un vasto potrero?
Hemos olvidado que el presidente Iván Duque, el 25 de junio de 2021, al comienzo de la campaña electoral y en medio del sangriento “paro cívico” (del 28 de abril al 27 de junio) fue objeto de un atentado. Que el helicóptero en el que él viajaba, en compañía de los ministros de Defensa, Diego Molano, del Interior, Daniel Palacios, y del gobernador de Norte de Santander, Silvano Serrano, recibió seis impactos de bala de francotiradores en una zona limítrofe con Venezuela. Y que horas después fueron encontrados por las autoridades, en el lugar del atentado, dos fusiles, entre ellos uno ruso, AK-47, con un alcance de 443 metros en modo semiautomático y perteneciente, según la prensa, a la Fuerza Armada Bolivariana.
Hemos olvidado que un segundo plan para matar al presidente Duque fue descubierto. La revista Semana escribió que otros francotiradores “tenían la orden de dispararle a las turbinas del avión presidencial”, durante la maniobra de aterrizaje en la pista de Catam. La prensa informó poco después que los capturados confirmaron que las “disidencias de las FARC”, cuya jefatura se esconde en Venezuela, habían llegado a Bogotá “para cometer ese magnicidio”.
Sin la guerra híbrida mundial operaciones combinadas de tal grado de sofisticación no habrían alcanzado sus objetivos.
La “paz total” se ve reflejada también en los planes de Francia Márquez y Gustavo Petro quienes conciben el país como un vasto potrero o “territorio” que puede ser modificado según los caprichos del gobernante de turno. El concepto de “territorio” de ellos viene del acuerdo final de las FARC con Santos. La primera, pretende alterar la geografía política de Colombia con la creación de un departamento “autonómico” (con 63 municipios de Antioquia, Chocó, Cauca, Valle del Cauca y Nariño) que cubriría todo el litoral pacífico para darle a su partido el control del eje estratégico Cali-Buenaventura, por donde entra la mitad de las importaciones de Colombia, y de toda salida hacia el continente asiático.
Petro anunció, por su parte, el 20 de agosto, la creación de otro mega departamento, en la región del Magdalena Medio. Quienes se oponen ven en ello la creación de dos “repúblicas independientes” en zonas claves del país dominadas hoy por el narcotráfico y la criminalidad. La idea de Petro es que en esos nuevos departamentos las Fuerzas Militares, la Policía y la Armada Nacional, así como la Fiscalía y la Procuraduría, respondan a una óptica descentralizada, lo que equivale a dinamitar la noción constitucional de República unitaria y la noción de fuerza pública nacional, prevista en el artículo 216 de la Carta Magna.
Las Fuerzas Armadas son el brazo secular encargado de la defensa del país. La “paz total” aspira, en cambio, a paralizar esas fuerzas. Les ordenan que prioricen el “diálogo” con los agresores en situaciones críticas de orden público, como en las invasiones de tierras, los bloqueos de vías, etc. Esa línea pretende prohibir la erradicación de los cultivos ilegales y el bombardeo de los bastiones narco-terroristas. Oscar Montes, un fino analista, escribía en El Heraldo algo que ya es una especie de clamor nacional: “La sensación que queda es que el Estado no está negociando con los criminales, sino que se está entregando” (3).
Así, empleando un lenguaje esotérico y mintiendo sobre los objetivos, la “paz total” emerge como un plan secreto y continental que el país debe seguir, aunque ello termine por hacer de Colombia la provincia de un poder transnacional.
Es obvio, que ese plan no será impuesto sin tener que vencer la voluntad de millones de colombianos que quieren vivir en un país libre y soberano. Petro aspira a seguir esa fatídica agenda a sabiendas de que tiene un tiempo limitado.
Un eventual regreso de los republicanos a los controles del poder legislativo y ejecutivo en Estados Unidos, en septiembre de 2022, y en noviembre de 2024, y una derrota de Rusia en Ucrania, son hechos que podrían ponerle fin a la falsa revolución.
Antes de llegar a ese instante, la resistencia a las reformas de Petro va a ser intensificada. En esas condiciones ¿qué línea adoptar ante el programa de la “paz total”? ¿Una “oposición constructiva”? ¿Qué puede haber de decente y respaldable en la agenda de Petro? ¿El país debe doblegarse ante ciertos cambios y hacer, al mismo tiempo, contorsiones y gestos ineficaces ante otros? ¿El país debe despojarse de ilusiones y organizar la lucha intransigente contra la política del nuevo régimen? Los 10 millones de electores que votaron contra ese personaje tienen la palabra.
https://www.contextoganadero.com/columna/la-fabula-de-la-paz-total
“Vamos a entrar a otras fincas”: CRIC desacata orden de desalojar predios ocupados y promete seguir invadiendo
El Consejo Regional Indígena del Cauca mostró su inconformismo frente al Gobierno, justificando las invasiones.
https://www.semana.com/nacion/articulo/vamos-a-entrar-a-otras-fincas-cric-desacata-orden-de-desalojar-predios-ocupados-y-promete-seguir-invadiendo/202246/
Jejeje, ¡aúlle!
https://twitter.com/petrogustavo/status/1566790426467700742?t=obmpxpX-t1dDIPYLzStqFw&s=19
Por qué según un Twitter del " abuelo emberracado"
Era un menor gay ,el que quería meter en el hotel y no una prostituta.
Howdy, Stranger!
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