Parecería absurdo que el primer Encuentro Marítimo y Fluvial para el Fortalecimiento de la Cadena de Valor Astillera –la que produce y repara buques– se haya realizado en Manizales, una ciudad de montaña a 200 kilómetros lineales de la costa más cercana.
No lo es. Para el presidente ejecutivo de la Federación de Navieros de Colombia (Fedenavi), Roberto Ramírez Ocampo, la capital de Caldas “tiene altura de faro y va a iluminar el camino de la astillería”. Esta industria requiere de una cadena productiva que incluye bienes y servicios que se pueden producir en el interior del país.
La fabricación de un solo buque necesita 5.700 millones de pesos en bienes y servicios de 14 sectores y, según el Programa de Transformación Productiva del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MinCIT), hay nueve departamentos del país –cinco, sin mar– con potencial para proveerlos.
Tres líderes generan casi toda la oferta: Bolívar (69 %), Bogotá (16 %) y Atlántico (6 %). Pero Caldas es el primero con un clúster metalmecánico que lo puede impulsar de aquí a 2027, cuando la meta es que la astillería colombiana facture 1.500 millones de dólares y, de estos, un tercio en exportaciones.











