Centro de Investigación en Conflicto y Memoria Histórica Militar

Dario López
Dario López Colaborador Role_EMC
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Misión 

Investigar, analizar, documentar, articular y difundir la memoria histórica Institucional, los contextos de las Fuerzas Militares y su historia, enfocándose en el reconocimiento de sus miembros como seres sociales, a través de la dignificación, enaltecimiento de las víctimas y sus familias; así como visibilizando sus aportes en materia de seguridad, desarrollo económico y social, la defensa del Estado y la Nación, realizados bajo los lineamientos constitucionales, legales, acuerdos internacionales (DDHH- DIH) y acatando lo dispuesto por el Gobierno Nacional para trascender de manera positiva en el imaginario colectivo y mantener la institucionalidad de las Fuerzas Militares.

Visión

La construcción de memoria histórica de las Fuerzas Militares se proyecta a 2030 como un proceso de alto impacto que fortalecerá la credibilidad y legitimidad institucional en el imaginario colectivo y se convertirá en un insumo determinante para coadyuvar en la construcción de una paz sostenible y duradera para Colombia.

Memoria Histórica Militar

Para las Fuerzas Militares la Memoria Histórica Institucional, es entendida como el conjunto de esfuerzos que realizan las Fuerzas Militares para contribuir al acervo documental e intelectual, fomentar la identidad institucional, dignificar la labor que cumplen sus miembros y principalmente, reivindicar la legitimidad de las actuaciones realizadas en el marco del conflicto armado y fuera de éste.

Líneas de Investigación

·    Memoria Histórica
·    Patrimonio (Archivo, bibliotecas, museos y lugares de memoria)
·    Contextos (Internacional, Nacional, Regional)
·    Historia Militar
·    Pedagogía

http://www.cgfm.mil.co/centro-investigacion-conflicto-memoria-historica-militar/

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  • Dario López
    Dario López Colaborador Role_EMC
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    ¿Cómo crear memoria histórica con las fuerzas militares?



    “Hay que escribir nuestras historias, esas de gloria y honor, pero también hay que contar aquellas en las que desafortunadamente se han cometido errores, no hay que negarlas. Eso nos enseñará y nos hará más grandes”, con estas palabras inició la conferencia sobre memoria histórica, el Coronel (R) Carlos Arturo Velásquez de la Escuela Superior de Guerra; entidad con la cual desde el año anterior el CNMH comenzó un proceso de acompañamiento para la reconstrucción de la memoria histórica de las fuerzas militares.

    Más de 500 miembros de las fuerzas militares colombianas participaron, el martes 21 de julio, de este espacio en el que se expuso la importancia de contar sus experiencias y recuerdos en medios del conflicto armado y, además, despejaron todas sus dudas con respecto a su inclusión como víctimas del conflicto.

    Gonzalo Sánchez, director del CNMH, continuó con la palabra en un Teatro Patria colmado de Capitanes, Oficiales y Sargentos de todo el país. Allí reconoció la importancia de la voz de los miembros de las fuerzas armadas en la construcción de la memoria histórica colombiana. “Sus vivencias, testimonios y también sus archivos son fundamentales para reconstruir la historia de nuestro conflicto armado de una manera más completa e incluyente”, expresó el director del CNMH.

    Finalmente, María Emma Wills –asesora de la dirección general del CNMH- aseguró que más allá de ser un tema de honor o prestigio para las fuerzas militares, su memoria histórica debe centrarse en el ser humano y en contar los hechos traumáticos con los que muchos aún conviven, pues no han sido escuchados. “El desconocimiento de su sufrimiento es una engranaje más de la guerra. Se desconoce su costo, y no hablo de costos económicos sino de vidas humanas, por eso es un ciclo que se sigue repitiendo”.

    Desde el CNMH esperamos que estos encuentros con la fuerza pública se repitan con más frecuencia, para continuar siendo un aliado estratégico en la tarea de reconstruir su memoria histórica en medio del conflicto armado.

    Publicado en Noticias CNMH
  • Dario López
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    Así es como la Fuerza Pública quiere contar la memoria del conflicto

    Que el ministro de Defensa tenga un asiento en el Consejo Directivo del Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH, fue considerado una afrenta por parte de las víctimas, que apenas unos días antes se habían emocionado con la posibilidad de aclarar los hechos que las victimizaron en la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad. Tanto las víctimas, como los funcionarios del CNMH y los académicos de la memoria insisten en que la posibilidad de que un actor del conflicto, responsable de graves violaciones a los Derechos Humanos, señale las directrices con las que se construirá la memoria en este país es un golpe a los derechos alcanzados en la Ley de Víctimas.

    ¿Por qué fue incluido?

    El Decreto 502 de 2017, firmado por el presidente Juan Manuel Santos, en uso de las facultades especiales otorgadas para la implementación de los acuerdos de paz con las Farc, contempla que como entre las funciones del CNMH está “definir y adoptar los lineamientos estratégicos para la construcción de la memoria histórica, y formular una estrategia de priorización de proyectos de investigación, que contribuyan al conocimiento de la verdad histórica”, entonces, “se hace necesario incluir al ministro de Defensa en la composición de dicho Consejo Directivo, pues la realización del derecho a la verdad del que son titulares las víctimas del conflicto armado implica que las instituciones que participaron en él contribuyan al esclarecimiento de sus causas y a comprender las dinámicas institucionales y las relaciones políticas y sociales que lo desencadenaron y degradaron, y aporten a la reconstrucción de la verdad histórica y a evitar la repetición de los hechos”.

    EL COLOMBIANO conoció que cuando a Gonzalo Sánchez, director general del CNMH, le enviaron el borrador del decreto, escribió un concepto rechazándolo, a la luz de lo que es la memoria histórica, explicando que la memoria no puede ser oficial y argumentando el deber de la memoria del Estado. Aún así el presidente Santos lo firmó.



    Sin embargo, esos argumentos no dejaron convencidos ni a las víctimas ni a los funcionarios del CNMH, solamente los militares se sienten victoriosos de esa inclusión que se hizo cuando nadie la esperaba.

    Lo que piensan los militares

    Por lo menos 10 de los 92 informes publicados por el CNMH han dejado muy mal la imagen de las Fuerzas Militares y de la Policía, porque denuncian graves violaciones a los Derechos Humanos, entre ellos el que más molestó a la cúpula militar y a los militares retirados fue el “¡Basta Ya!”, que es el informe más importante realizado por el Centro que cobija más de 50 años del conflicto armado, en todas las regiones del país y todos tipos de hechos victimizantes.

    “Cuando se hizo público el famoso ‘¡Basta Ya!’ que fue la obra maestra del CNMH, que es una entidad oficial, yo le pedí una audiencia al presidente Santos y le dije lo nocivo que era ese trabajo, porque ese documento llegaba a unas conclusiones como que los responsables de la violencia en Colombia, en términos generales, era una organización criminal que se llama Fuerzas Militares y Policía Nacional de Colombia”, le dijo a EL COLOMBIANO el general (R) Jaime Ruiz, presidente de la Asociación Colombiana de Oficiales Retirados (Acore).

    El general acusó a Gonzalo Sánchez, director del Centro, y a sus investigadores, de falsear la verdad sobre los acontecimientos de la violencia en Colombia, así que “le dijimos al presidente que el Gobierno tenía que tomar cartas en el asunto porque no se podía hacer público un documento, a través de una entidad oficial, para falsear la verdad”, agregó.

    Por lo que considera que la inclusión del ministro es la respuesta a las súplicas de los militares para que la memoria del conflicto sea escrita con sus voces y con su visión de los hechos: “No es intervenir, sino participar, que se dé una lectura diferente a la que ellos han querido imponer, que es de la extrema izquierda radical. El ‘¡Basta Ya!’ ese es un libro que hay que recoger, hay que producir otro, pero de una manera diferente, sin ese revanchismo de la extrema izquierda”.


    “Para que esta memoria histórica sea útil y evitar que esto vuelva a ocurrir, es bueno que las Fuerzas Militares cuenten su propia verdad”, indicó el general Ruiz.

    Cuando los militares vieron que la memoria del conflicto no estaba siendo escrita desde su óptica crearon el Centro de Memoria Histórica Militar, bajo la Directiva Permanente Nº 082 del 8 de julio de 2013, allí el objetivo es construir un relato diferente del que han venido haciendo el CNMH y las organizaciones de Derechos Humanos, aunque lo hacen con el apoyo del Centro.

    “Hay que escribir nuestras historias, esas de gloria y honor, pero también hay que contar aquellas en las que desafortunadamente se han cometido errores, no hay que negarlas. Eso nos enseñará y nos hará más grandes”, dijo en una de las conferencias sobre memoria histórica, el coronel (R) Carlos Arturo Velásquez de la Escuela Superior de Guerra.

    EL COLOMBIANO durante tres días buscó al ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, para que se pronunciara sobre la polémica pero no obtuvo respuestas.

    Lo que piensan las víctimas

    “Nosotros creemos que ninguno de los actores del conflicto debe hacer parte de estos escenarios en los que se está reconstruyendo la memoria y no se puede olvidar, bajo ninguna circunstancia, que las Fuerzas Armadas en Colombia han estado seriamente comprometidas en las graves violaciones a los Derechos Humanos”, expresó la abogada Adriana Arboleda, directora de la Corporación Jurídica Libertad, organización que ha llevado la defensa de las víctimas del conflicto armado en instancias nacionales e internaciones, incluyendo la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

    De acuerdo con Arboleda, en ningún país del mundo donde se han hecho ejercicios de memoria ha servido la participación de los militares involucrados en los hechos, por el contrario se han entorpecido, ocultado o desviado las investigaciones, en Colombia tampoco servirán, insistió, “máxime cuando las Fuerzas Armadas en este país no han dado muestras de querer contribuir a la verdad ni han hecho un ejercicio de compromiso con el esclarecimiento de los hechos”.

    Además, la representante de las víctimas aseveró que “la memoria no puede estar institucionalizada, ¿qué nivel de independencia puede tener un órgano cuando uno de los actores del conflicto hace parte de su junta directiva?, que son quienes determinan qué y cómo se investiga y las metodologías, para eso lo que se necesita es un escenario de participación de la sociedad civil y de las víctimas”.


    En ese mismo sentido, María Victoria Fallón, del Grupo Interdisciplinario de Derechos Humanos, que también representa a las víctimas, consideró que en todos los conflictos la memoria y la historia son contadas por los vencedores, y que como en este caso nadie venció debe respetarse el derecho de las víctimas a encontrar la verdad histórica que con la inclusión del ministro en el CNMH les será negada.

    Así lo ven los investigadores

    Patricia Nieto es la directora del programa Hacemos Memoria de la Universidad de Antioquia, y una de las voces más autorizadas para hablar de memoria del conflicto en el país, de hecho hace parte del equipo de investigadores del “¡Basta Ya! Medellín” y expresó que “el Centro Nacional de Memoria Histórica es el resultado del trabajo de académicos y profesionales de diversas disciplinas que ha logrado documentar y relatar el conflicto armado interno de Colombia. Su trabajo se ha realizado con márgenes de independencia considerables de donde se desprende la calidad de los relatos y de sus interpretaciones”, por lo que consideró que “la presencia del Ministro de la Defensa allí, puede interpretarse como un hecho político con gran significado simbólico. ¿Qué pretende el Presidente Santos con esta jugada? ¿Darle al representante de las Fuerzas Armadas de Colombia poder de decisión en qué se cuenta, cuándo, con qué propósito?, ¿participar en la pugna por la memoria con un jugador armado? A claras luces, el Gobierno está moviendo las fichas a favor del ganador de siempre, del que dice ganar la guerra con las armas y con las palabras. Y al mismo tiempo, las mueve en contra de los derrotados de siempre: las víctimas desarmadas que estaban empezando a hablar, a confiar”.


    Por su parte, Róbinson Úsuga, director de Lluvia de Orión, una corporación para la interacción con niños, jóvenes, familias y comunidades, en torno a la memoria, la convivencia y la construcción de paz en Colombia, advirtió que “hay una diferencia muy grande en cómo desde arriba ven a las Fuerzas Militares y cómo las ven desde abajo, desde las comunidades. Desde arriba nos enseñan y divulgan un relato heroico, oficial, muchas veces obligado, de héroes patriotas que están arriesgando la vida por nosotros y es una verdad que tenemos que asumir, pero desde las comunidades muchas veces se encuentra que no es así del todo, que también hay militares implicados en hechos deshonestos, criminales”, por eso no son ellos los llamados a escribir la memoria para restaurar a las víctimas.

    Desde el CNMH

    Nadie en el CNMH está de acuerdo con que el ministro de Defensa llegue al Consejo Directivo de la entidad, sin embargo, al ser una entidad pública debe acogerse a las directrices del Gobierno, por eso, después de una reunión en la que participaron todos los directores y principales asesores, entregaron un comunicado a la opinión pública en el que en ocho puntos piden que se siga cumpliendo la Ley de Víctimas y que la inclusión de ministro, aunque “provoca ciertamente prevención en numerosos sectores sociales y políticos, dada la participación activa de la Fuerza Pública en el conflicto armado interno”, esperan que se siga trabajando con la misma autonomía que han dado el presidente Santos y el Consejo Directivo, conformado en su mayoría por su gabinete (Ver Cómo Funciona).

    EL COLOMBIANO habló con tres altos funcionarios del CNMH que pidieron confidencialidad de su nombre porque sus puestos pueden estar en peligro dadas sus declaraciones. Los tres coincidieron en que hasta ahora el Consejo Directivo ha sido respetuoso de la autonomía de los investigadores, nunca se enteran del contenido de los informes sino una vez publicados y lo que hacen es una función estrictamente directiva como aprobar presupuestos y revisar la ejecución de recursos, solo se reúnen dos o tres veces al año y reciben informes de la operación del Centro.

    Acerca de la realización de los informes, explicaron que hay un ejercicio interno en el que se nombran unos lectores, se reúne el comité de investigación que obra como comité editorial, no hay informe que no haya pasado por discusiones y sugerencias, que son muy estrictas, al punto de que algunos informes se tengan que rehacer o se tengan que perfeccionar en muchos aspectos, incluso hay informes que están inmaduros y no se han podido publicar, pero el Consejo Directivo no juega allí ningún papel.


    A uno de los funcionarios le preocupa que esta sea la forma de silenciar a las Fuerzas Militares que podrían estar incómodas con el proceso de paz. “Esta pudo ser una concesión a los militares para que no vayan a entorpecer esta parte del cese el fuego que es tan delicada”.

    El segundo de ellos expresó que esta fue una decisión inesperada porque cuando se conformó el CNMH se hizo con un Consejo Directivo en el que hay varios ministerios, y la inclusión del Ministerio de Defensa se da 5 años después, lo que podría “ser interpretado como inoportuno porque se está en un momento más de consolidación de trabajos de cara a entregarle muy buenas contribuciones a la Comisión de la Verdad”.

    A ese segundo funcionario le preocupa que precisamente la única instancia de Gobierno que se ha pronunciado en contra del informe “¡Basta ya!” fue el Ministerio de Defensa: “Hay unos desacuerdos de fondo, desde el Ministerio de Defensa y del estamento militar y de la Fuerza Pública, con ciertos enfoques de los informes. Yo entiendo que es duro para la Fuerza Pública verse como actor directo en el conflicto y como responsable de numerosas, masivas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos”. E incluso atinó a decir que tener a la Fuerza Pública en el Consejo Directivo podría darle legitimidad a que estuvieran delegados de otros actores del conflicto como las Farc, el Eln, el M-19, el Epl y posiblemente también alguien de los paramilitares, “porque son actores directos del conflicto, porque tienen responsabilidades y hubo violaciones a los derechos de las que no escapa ninguno”.

    Finalmente, consideró que la actuación del ministro de Defensa “puede ser irrelevante, porque no creo que el ministro se vaya a alejar de la política del Presidente que ha sido respetuosa a tono con la Ley 1448”.

    En ese mismo sentido se pronunció el tercer funcionario, quien no cree que el ministro llegue a cambiar la dinámica del Consejo Directivo, pero “esto simbólicamente tiene un peso enorme, sobre todo para las víctimas, cualquier actor que hubiese estado involucrado en violación a los Derechos Humanos que se siente en ese espacio va a ser una afrenta para cualquiera de las víctimas, independientemente de su actitud y disposición”.


  • Dario López
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    Ad portas de la comisión de la verdad

    En cambio, frente a la actuación de los militares en el conflicto armado hay otro reclamo y es que se desclasifiquen los archivos de inteligencia militar para la Comisión de Esclarecimiento reglamentada hace pocos días, que se dio como resultado de los diálogos de paz entre el Gobierno y las Farc.

    El Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado, Movice, exigió “la apertura y depuración de toda la documentación de inteligencia y contrainteligencia, así como su presentación ante la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, como garantía de acceso a la verdad y como ejercicio de memoria y no repetición para el conjunto de la sociedad colombiana”, argumentando que “en el decreto que regula la Comisión de la Verdad, el Estado sigue eludiendo su responsabilidad en el conflicto armado y su compromiso con el esclarecimiento de la verdad al negar la posibilidad a la sociedad colombiana de conocer los archivos de inteligencia y contrainteligencia que reposan en su poder”.

    Al respecto, el general Jaime Ruiz manifestó que no son las víctimas sino las Farc quienes llevan años pidiendo la desclasificación del material de inteligencia en el que hay temas de seguridad nacional que están bajo reserva.

    Adriana Arboleda cuestionó la insistencia de las Fuerzas Armadas en negarse a mostrar esos archivos dan cuenta de la situación: “Los militares van a seguir amparados en ese concepto ambiguo de la seguridad nacional para garantizar que no conozcamos esa información”.

    Y en efecto, estos archivos, dijo el general, “tienen que ver con temas de seguridad nacional, no con hechos aislados ni con actuaciones individuales por parte de los miembros de la Fuerza Pública, en el tema de los falsos positivos, por ejemplo, cada quien como responsable tiene que asumir ante la JEP”.

    Sin embargo, Álvaro Villarraga, director de Acuerdos de Verdad del CNMH, explicó que “el Decreto 588 que crea la Comisión de la Verdad le exige a todas las instituciones entregar la información que necesite sin restricción, inclusive la información que sea de reserva de ley. Es una obligación que se debe cumplir so pena de acciones disciplinarias en razón de acciones administrativas y penales si no se entregara la información”.

    Efectivamente, el artículo 15 del Decreto 588 dice que “todas las entidades del Estado prestarán su colaboración a la CEV para el cumplimiento de sus objetivos, mandato y funciones y le brindarán toda la información que tengan a su disposición en lo relacionado con el cumplimiento de su mandato y funciones. La CEV podrá solicitar a los demás componentes del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición el traslado de información aportada por las víctimas, las organizaciones de víctimas y las organizaciones de Derechos Humanos, sin perjuicio de la información reservada que repose en procesos judiciales”.

    Y el artículo 16 agrega que “no son oponibles las reservas en materia de acceso a la información pública frente a las violaciones de los Derechos Humanos o infracciones al DIH. En cumplimiento de su mandato, la CEV podrá requerir de las instituciones públicas la información necesaria para el ejercicio de sus funciones, sin que pueda oponérsele reserva alguna”.

    http://www.elcolombiano.com/colombia/paz-y-derechos-humanos/ministro-de-defensa-hara-parte-del-consejo-del-centro-nacional-de-memoria-historica-KE6350815

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    Memoria, homenaje para los militares


    Shirly Lauren Estrada es una soldado víctima del conflicto armado, su cuerpo fue afectado por un carrobomba. En el fondo la exposición de los militares víctimas. FOTO ESTEBAN VANEGAS

    Shirly María Lauren Estrada recuerda bien el día que se enlistó como soldado voluntaria y los sueños que tenía de hacer patria desde cualquier trinchera que la vida le pusiera. También se quedó en su mente la fatídica tarde del viernes 30 de junio de 1999. Había sido seleccionada en el último contingente de mujeres para el Gaula del Ejército, su misión era como secretaria del mayor Mora ayudar a solucionar casos de secuestros y extorsiones.

    Ese mismo día sus compañeros llegaron triunfantes de una operación que permitió el rescate de un secuestrado. “Llegamos al lugar, estuvimos celebrando y hasta pensamos salir esa noche a la inauguración de la Feria de las Flores, eran risas, felicitaciones, muchas cosas positivas, cuando de un momento a otro el centinela que estaba afuera, que fue al que el carro lo partió en dos, lo único que gritó fue ‘¡Bomba! ¡Bomba!’, no alcanzamos a reaccionar, todo voló”.

    Las Farc detonaron un carro bomba con 50 kilos de dinamita. El saldo trágico: 10 muertos y 30 heridos.

    Shirly recuerda que cuando cayó al piso no escuchaba nada pero veía brazos y piernas tirados a su alrededor y sangre regada por todos lados, no escuchó lamentos. No oyó nada.

    Desde entonces ha pasado por el quirófano 39 veces, todavía tiene esquirlas de granada en el cuerpo, le operaron la nariz, la columna y la cabeza, le reconstruyeron los dos tímpanos y una mano; tiene platinas en ambas piernas, no recuerda cuáles reconstrucciones más ha tenido en ese afán de los médicos de armarla de nuevo. El alma y la mente también las tiene enfermas: ha acudido muchas veces al psicólogo, “pero a pesar de que ha pasado mucho tiempo, sigue siendo muy duro recordar”, dice.

    Hacer memoria es difícil para ella, y aunque los recuerdos del dolor y el sufrimiento que le causaron con esa explosión le ha dejado cicatrices en el cuerpo, cree que es necesario que la gente sepa cómo sus Fuerzas Militares dan la vida, la ofrendan, para que haya tranquilidad en el país.

    Al preguntarle si puede hablar de reconciliación, Shirly mantiene el silencio seis segundos, en su rostro se dibuja tristeza, y con lágrimas dice: “No, perdón. Esa reconciliación no me va a devolver a esos compañeros que eran mi familia en ese momento. Decir reconciliación para ellos (las Farc) es tan fácil, pero para uno que lo vivió, lo sufrió, que los vio ahí en pedazos, no es fácil”.

    Memoria en el Ejército

    Por primera vez el Ejército conmemora la semana de las víctimas militares del conflicto armado.

    En Colombia hay 139 miembros de la Fuerza Pública desaparecidos, al parecer han sido perpetrados por las Farc, el Eln y los grupos de autodefensa.

    Además, la Unidad para las Víctimas tiene registrados casi 17.000 miembros de la Fuerza Pública como víctimas directas.

    Según el coronel Luis Francisco Jiménez Rojas, director de apoyo a la transición del Ejército Nacional, esa cifra puede multiplicarse por cuatro o cinco personas que componen el núcleo familiar de esas víctimas directas, que también han sido altamente afectados por el conflicto.

    De acuerdo con el coronel Gabriel Fernando Marín, jefe del Estado Mayor de la Séptima División, “usualmente se ve al soldado como un actor del conflicto, semánticamente habría una discusión inmensa sobre esto. Nosotros somos unos soldados a los que el Estado nos dijo: ‘tomen estas armas para que nos defiendan’. Representamos el brazo armado del Estado, la gente lo que ve es eso: ‘ellos están en la guerra, ahí no hay víctimas, para qué se metieron’. Pero eso no es tal, hay unas reglas claras del Derecho Internacional Humanitario que regula la guerra y eso es lo que permite que los soldados también sean víctimas”.

    Para conmemorar la vida de esos hombres y mujeres que se sacrificaron por el resto de los colombianos, el Ejército preparó dos exposiciones que actualmente pueden verse en la Cuarta Brigada sobre la Calle 50 (Colombia) y en el Museo Casa de la Memoria con los retratos de los soldados desaparecidos.

    “Son historias desgarradoras y en una cotidianidad tan violenta como la del país es muy valioso que se estén resaltando las víctimas, que se les esté garantizando su lugar, su derecho de no repetición, no revictimización”, señala el coronel Marín.


    LA MICROHISTORIALA RETOMA QUE SE VOLVIÓ PESADILLA

    La batalla de Dabeiba ocurrió entre el 18 y el 20 de octubre de 2000, desde entonces no hay noche en la que Fernando Arboleda duerma tranquilo. En sus sueños se recrea una y otra vez la escena más dolorosa. Más de mil guerrilleros de las Farc se tomaron el municipio y él y sus compañeros llegaron como refuerzo a contener el ataque, sin embargo, 52 soldados y 2 policías murieron. Fernando pensó en matarse al verse sin balas, solo un disparo para acabar con su vida, pero en el piso encontró un proveedor que garantizó su supervivencia. 16 años han pasado desde entonces y siempre en las noches vuelve a la batalla.

    Olga Patricia Rendn Marulanda

    Soy periodista egresada de la Universidad de Antioquia. Mi primera entrevista se la hice a mi padre y, desde entonces, no he parado de preguntar.

  • Dario López
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    Verdad y memoria

    La Fuerza Pública y la memoria histórica

    El conflicto armado fue visto desde múltiples ópticas, una de ellas, la de la Fuerza Pública. Hoy las Fuerzas Armadas y la Policía tienen iniciativas para reconstruir la memoria histórica. Estas son algunas propuestas e historias que rememoran lo sucedido en medio siglo. 

    Un esfuerzo por construir memoria desde las fuerzas armadas

    Un blog y un software para rememorar a los policías caídos, la historia del general más viejo de Colombia y la emboscada que acabó con los sueños de paz en los años 80 son algunos de los episodios.
    La Policía y su iniciativa de construir memoria
    Una de las propuestas de la Policía Nacional para aportar a la transformación de la entidad para el posacuerdo y a la construcción de memoria fue el lanzamiento de una cartilla, un blog y un software para homenajear a sus víctimas y crear espacios de entendimiento con los ciudadanos.

    “El último general de 100 años”
    Una de las historias para reconstruir la memoria histórica de las Fuerzas Militares es la de Alberto Ruiz Novoa, quien fue ministro de Guerra cuando nacieron las Farc tras el bombardeo a Marquetalia (Tolima) en 1964. Ya tiene cien años y es testimonio de lo que ha sido Colombia en el último siglo.

    “La emboscada de las Farc que hizo trizas un sueño de paz”
    Hace 30 años, en junio de 1987, los frentes 14 y 15 de las Farc fueron protagonistas de la emboscada que acabó con el proceso de paz que lideró el gobierno de Belisario Betancur. Los hechos ocurrieron en la vía que de Puerto Rico conduce al municipio de San Vicente del Caguán (Caquetá). Un capítulo de la historia colombiana olvidado en la memoria de muchos y en el que murieron 26 militares, un civil y otros 42 uniformados resultaron heridos.

    “Memorias de la guerra que vivió la Armada Nacional”
    La Universidad Santo Tomás hizo un estudio sobre la cultura de la Armada Nacional, las dificultades que debió soportar durante la guerra y el contexto histórico del Pacífico y el Caribe colombiano. El gran reto fue contar la historia desde los ojos de decenas de jóvenes que perdieron partes del cuerpo, o su vida, mientras cumplían sus deberes en la Fuerza Pública.

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    La difícil tarea de reconstruir la memoria histórica desde la Policía Nacional

    Este jueves la institución lanza una cartilla, un blog y un software para homenajear a sus víctimas y crear espacios de entendimiento con los ciudadanos. El jefe del área de memoria histórica y víctimas de la entidad explica las transformaciones que vive la institución para el posacuerdo.


    El coronel Fernando José Pantoja es el jefe del área de memoria histórica y víctimas de la Policía Nacional.


    De las 8 millones 320 mil 874 víctimas que están en el Registro Único de Víctimas, la Policía Nacional tiene 44.500. Estas no corresponden solo a uniformados, también a sus familias que han sido afectadas directa o indirectamente. Más de 9.300 de las víctimas todavía trabajan en la institución.

    Para homenajear a esas personas, la institución creó una serie de estrategias para reconstruir su memoria histórica. Este jueves 9 de febrero se lanzan tres de esas herramientas: una cartilla para orientar sobre la construcción de la memoria histórica institucional, un blog de relatos de diferentes uniformados que vivieron el conflicto armado y un software que agrupará todos los artículos que se escriban en diferentes páginas sobre la Policía Nacional para que se puedan consultar fácilmente. 

    El evento, que se llamará La tecnología al servicio de la memoria histórica institucional, se hará en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, en el centro de Bogotá, a las 3:00 p.m.

    El coronel Fernando José Pantoja, jefe del área de memoria histórica y víctimas de la Policía Nacional, tiene a su cargo la labor de reconstruir la historia de la institución antes de que sea olvidada y acercarse a la sociedad civil. Una tarea que no es fácil ya que, según la encuesta Colombia Opina del segundo semestre de 2016, el 47% de los colombianos tiene una imagen desfavorable de la entidad.

     

    ¿Por qué es importante hacer memoria desde la Policía Nacional?

    Hay un deber de hacer memoria por parte del Estado, debe generarse ese rompecabezas que nos permita entender a Colombia y a la Policía Nacional como una de esas entidades del Estado. Por eso estamos generando la memoria histórica institucional. Nuestro papel es edificar la memoria desde el sentimiento de las víctimas, tanto internas como externas a la institución.

    ¿Cómo lo están haciendo?

    Aterrizamos este proyecto con herramientas. Por ejemplo, una cartilla pedagógica para que toda la ciudadanía entienda qué es y cómo funciona la Policía y cómo se está reconstruyendo nuestra memoria histórica. Eso es importante para que sepan cómo leernos, que sepan que podemos tener diferentes opiniones, pero todos vamos hacia un mismo lado. También creamos un blog de memoria para que todos puedan leer historias de ciudadanos que usan el uniforme. Y por último creamos un software que va a jalar y guardar los artículos que se publiquen en diferentes medios sobre la Policía Nacional. El programa estará abierto al público para que tengan una base de datos amplia sobre el tema.

    Sin duda toda la Fuerza Pública está en una etapa de transición ¿qué los motivó a empezar ese proceso?

    La Policía, dentro de su esencia, es de servicio ciudadano.  La educación, la convivencia, el intercambio directo con el ciudadano son nuestra razón de ser y eso nos ha motivado. Obviamente la Policía ha tenido muchas transiciones por las dinámicas del conflicto, pero estamos llegando a nuestras raíces que son la convivencia y seguridad ciudadana en todo nivel. Queremos romper ese concepto de que nosotros somos represivos e impartir la noción de que es responsabilidad de todos crear un país más civilizado.

    Una de las muestras de esa transformación es la UNIPEP. ¿Cómo ha sido la experiencia de los diferentes agentes de policía acompañando a las Farc a las zonas veredales?

    Esta oportunidad de interactuar con combatientes de las Farc es histórica. Hay una imagen que me ha impactado mucho y es la de un miembro de las Farc cargando armas para llevarlas a la zona veredal y un Policía caminando delante de él sin ningún miedo. Este tipo de imágenes demuestran que no se necesita estar armados de igual a igual para tener respeto de igual a igual. Basta el entendimiento del otro, comprender que todos vamos para el mismo lado y que ya no queremos más conflicto. Por eso vemos menos muertos por la guerra y más recursos para enfocarnos en la convivencia civil.

    Vemos que otro cambio es que la Policía está más abierta a hablar de la institución.

    Hemos encontrado que es muy importante buscar espacios en televisión, periódicos para contar la historia, el contexto y la transición que está viviendo la Policía y toda la institucionalidad colombiana. Eso crea una memoria rica, no solo para Colombia sino para el mundo.

    Eso sin duda es un reto porque durante el conflicto la Policía, y el Estado en general, tuvieron muchos conflictos con la ciudadanía. ¿Cómo mejorar estas relaciones?

    Durante el conflicto la Policía, como millones de ciudadanos colombianos, fue también víctima de esta guerra interna. Pero en este nuevo contexto queremos acercarnos mucho más al ciudadano y mostrar que somos seres de carne y hueso.

    Pero aterricemos ese concepto a la vida cotidiana. Por ejemplo, el nuevo Código de Policía, ¿es una herramienta para el posconflicto?

    El Código Nacional de Policía es preventivo. Lo que pretende es ayudar a que la gente se autorregule, algo vital para el posacuerdo. No queremos reprimir sino educar para así lograr buenos niveles de convivencia. Eso será vital para esta paz que todos queremos y para poder reconstruir la memoria histórica.

    ¿Cuáles son los otros retos que tiene la Policía para la etapa de posacuerdo?

    El marco de convivencia y seguridad tanto en lo rural como en lo urbano es muy importante y muy complejo. Tenemos que cambiar parte de nuestra cultura para que entre todos los ciudadanos podamos construir la Colombia que anhelamos. También buscamos formas de llegar a los niños para ayudar a formarlos en competencias ciudadanas así cuando crezcan no se sentirán reprimidos por las normas sino que se apropiarán de ellas y podrán construir su vida respetando esas reglas.Seguiremos pendientes de la ciberseguridad, los delitos transnacionales y de representar debidamente a nuestras víctimas.

  • Dario López
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    Colaborador, EMC
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    El último general de 100 años

    Alberto Ruiz Novoa fue ministro de Guerra cuando nacieron las Farc. Acaba de cumplir un siglo y ahora las ve transitar a la política. Es un sobreviviente.


    Alberto Ruiz Novoa es el único general vivo con más de 100 años. Los cumplió el pasado 3 de enero. Su vida es un testimonio de lo que ha sido Colombia en el último siglo. Todas las transformaciones las vivió o fue protagonista de algunas de ellas. Por ejemplo, vio nacer a las Farc en 1964 y 53 años después las está viendo transitar a la política. Con una particularidad: Ruiz Novoa era el ministro de Guerra del presidente conservador Guillermo León Valencia cuando las Fuerzas Armadas bombardearon Marquetalia (Tolima). Ese episodio histórico sería el mito fundacional de la guerrilla.

    El Espectador lo visitó en su casa en Bogotá hace unos días. Todavía se le ve muy entero, aunque la centuria le haya pasado factura a su cuerpo. Siempre aplicó aquella frase inmortal de Douglas MacArthur, uno de los más célebres militares estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial: “Los viejos soldados nunca mueren, solamente se desvanecen”. Casi no recibe visitas. Dora Rodríguez, su segunda esposa, guarda celosamente sus centenares de condecoraciones, las fotografías de su brillante paso por el Ejército y el registro de que llegó a ser ministro a sus 44 años.

    Nació en Bucaramanga el mismo año de la Revolución Bolchevique de Lenin, al otro lado del mundo. No había cumplido ni 17 años y ya era subteniente en la Escuela Militar. La guerra con Perú lo empujó a la milicia. En 1952, en los azarosos tiempos de la violencia política, fue nombrado comandante del Batallón Colombia en Corea. Vio morir a muchos, pero logró volver a casa y en 1953, tras el golpe de estado del teniente general Gustavo Rojas Pinilla, fue designado como contralor de la República. En 1958, tras el restablecimiento de la democracia, dejó ese cargo y retornó a las filas.

    En septiembre de 1960 el presidente Alberto Lleras lo nombró comandante del Ejército y en 1962, tras la victoria de Valencia, ingresó al gabinete como ministro de Guerra. Ya entonces las guerrillas liberales cobraban fuerza y bandoleros como Sangrenegra y Desquite protagonizaban las noticias. El general Ruiz Novoa fue el gestor del Plan Lazo, un documento de casi 300 páginas que fijó la estrategia para “eliminar las cuadrillas de bandoleros y prevenir la formación de nuevos focos o núcleos de antisociales a fin de mantener un Estado en paz”. Así quedó consignado en ese manual, rotulado entonces como secreto.

    Ruiz Novoa, dice su familia, sabía que esas expresiones de violencia no eran el resultado de caprichos sociales espontáneos, y que enfrentarlas únicamente con represión era un error. Por eso planteó políticas desarrollistas y campañas cívico-militares para acercar a la población civil. “Cada oficial y soldado deberá estar enterado del efecto sicológico que produce su acción dentro de la población civil”, rezaba el Plan Lazo. Aunque también afirmaba que una de las causas del desorden era la “crisis moral” que vivía el país. “Los destrozos producidos por la violencia en el campo espiritual se han convertido en un factor que la hará perdurar”.

    En su casa están guardados todos los recortes de prensa en donde su nombre fue reseñado en los últimos 65 años. “No seremos corteses con los bandoleros”, tituló El Tiempo una entrevista suya en septiembre de 1963. Ya entonces Álvaro Gómez Hurtado agitaba al Congreso con su tesis de las repúblicas independientes. “No volveremos a permitir que los bandoleros disparen primero”, dijo el general en un debate político. Luego vino el bombardeo a Marquetalia y el nacimiento de las Farc. En enero de 1965 presentó su renuncia tras las acusaciones falaces que lo relacionaban con un intento de golpe militar.

    En 1966 presentó su nombre como candidato presidencial, pero se impuso Carlos Lleras como el penúltimo designado del Frente Nacional. Se refugió en su finca en Fusagasugá (Cundinamarca) y se dedicó a los pollos. “Las Fuerzas Militares me dieron los más grandes honores. Lo único que no me dieron fue plata”, declaró a la prensa en 1983. Ya liberado, en sus cuarteles de invierno, se dedicó a los versos de Antonio Machado, León de Greiff, el Tuerto López y Guillermo Valencia, el papá de Guillermo León, y quien escribió en Amor verdadero: “Es medio amor amar con esperanza, y, amar sin ella, ¡verdadero amor!”.

    El general (r) Ruiz Novoa siempre fue un gran lector de biografías –fue, digo, porque con un siglo a sus espaldas ya no lo hace–. Se interesó por las vidas de Napoleón Bonaparte, Alejandro Magno, Francisco Franco o Simón Bolívar. Viajó por el mundo, aprendió de música y pintura, jugó golf. Tiene tres hijos: Sergio, Claudia y Javier –este último murió cáncer– y dos nietas que lo adoran. En los 10 minutos que le concedió a El Espectador hace unos días, el general, apoltronado en su silla, con la mirada cansina, solo señaló que no le interesaban las entrevistas y que ya nada tenía por decir.

    Tenía 48 años cuando abandonó la vida pública. Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces. A Colombia se lo tragó la guerra: las pipetas y los secuestros de las guerrillas; los pistoleros y los bombazos del narcotráfico; la estela de masacres y motosierras de los paramilitares; el holocausto del Palacio de Justicia; los magnicidios; los diálogos fallidos de Belisario y de Pastrana con las Farc y, finalmente, la doble firma de Timochenko y Juan Manuel Santos, en Cartagena y en Bogotá, para sellar el fin de un conflicto que arrancó en Marquetalia cuando Ruiz Novoa oficiaba como ministro de Guerra. A todo esto sobrevivió el último general de 100 años.

  • Dario López
    Dario López Colaborador Role_EMC
    Colaborador, EMC
    Subteniente

    La emboscada de las Farc que hizo trizas un sueño de paz

    El 16 de junio de 1987, dos columnas de las Farc emboscaron un convoy militar y causaron la muerte de 26 militares. Ese hecho marcó el fin del proceso de paz que se había iniciado en tiempos de Belisario Betancur y que alcanzó a el cese el fuego en 1984


    Uno de los miembros del Ejército en frente de los féretros que dejó la emboscada de las Farc. / Archivo El Espectador


    Por estos días Colombia es testigo de la dejación de las armas que las Farc tuvieron en su poder por más de medio siglo. Hace 30 años, sin embargo, la escena era la opuesta: los colombianos eran espectadores del fin de una tregua que buscaba ponerle punto final a la guerra. Y fue justamente el 16 de junio de 1987 cuando ese cese el fuego se hizo trizas, tras una emboscada de las Farc en el Caquetá. Un hecho que dio al traste con el proceso de paz que inició Belisario Betancur y que el gobierno de Virgilio Barco intentaba sostener. Un capítulo que hoy hace parte de la memoria de un país sin memoria

    Fue un martes, al caer la tarde, cuando un convoy de dos camiones F-600 que transportaba militares del Batallón Cazadores del Ejército fue blanco de una emboscada tendida por guerrilleros de los frentes 14 y 15 de las Farc, que colocaron cantinas con explosivos sobre la vía que de Puerto Rico conduce al municipio de San Vicente del Caguán, en Caquetá. Cuando el convoy llegó al sitio, la explosión produjo que uno de los camiones se volcara. La situación fue aprovechada por la guerrilla para acribillar de manera indiscriminada a los uniformados, quienes fueron atacados con granadas de fragmentación y tiros de fusil.

    Los uniformados que se desplazaban en el segundo camión reaccionaron y lograron salvar algunas vidas. Las víctimas del asalto fueron, en su mayoría, jóvenes reclutas provenientes de Bogotá, Mosquera y Soacha, que por esos días cumplían su servicio militar en esta compleja zona del país. “La Comisión de Verificación no pudo ponerse de acuerdo frente a ese y otros hechos recientes, porque no había voluntad ni confianza de las partes y cada quien aprovechaba la tregua para ganar posiciones. Finalmente, las Farc perpetraron el ataque en el Caquetá”, recordó a El Espectador, Carlos Ossa Escobar, entonces consejero de paz del gobierno de Virgilio Barco.

    El tenso escenario político

    En la agonía de su mandato, el presidente Belisario Betancur, marcado entre otros hechos por el cruento desenlace del holocausto del Palacio de Justicia en noviembre de 1985, se había jugado su última carta de paz el 2 de marzo de 1986, cuando acordó con las Farc la prórroga del cese el fuego logrado dos años antes en La Uribe (Meta). También dispuso que la Unión Patriótica (UP)participara por primera vez en un proceso electoral ese mismo mes de marzo. La UP obtuvo 14 curules en el Congreso, pero casi de inmediato los elegidos comenzaron a ser aniquilados. Ante la perspectiva de la primera elección popular de alcaldes en 1988, el movimiento político hacía desesperados esfuerzos para que no siguiera siendo estigmatizado como el brazo político de las Farc.

    Cuando el presidente Virgilio Barco asumió el poder, designó como consejero de paz a Carlos Ossa Escobar y, entre sus primeras acciones, junto a varios de sus colaboradores, concretó un encuentro en Caquetá con el jefe guerrillero Jorge Briceño Suárez, alias el Mono Jojoy —quien moriría en 2010 en un bombardeo militar—, para evaluar la complicada situación de orden público en ese departamento. A pesar de la tregua, la violencia estaba al orden del día. Aunque llegaron a tenues pactos, el escenario era cada vez más tenso y el país político vivía una polarización extrema. Entre los entendidos prevalecía la certeza de que la ruptura de la tregua era inminente.

    A finales de abril de 1987, con el propósito de atenuar las tensiones, el jefe de Estado expidió el decreto 750 que ordenó crear un tribunal especial de instrucción para investigar la oleada de asesinatos de los dirigentes de la UP. Sin embargo, a pesar de que la iniciativa fue apoyada por los partidos políticos, la Corte Suprema de Justicia la declaró inconstitucional, pues argumentó que no se adecuaba a la estructura de la Rama Judicial. La sumatoria de esta y otras complicaciones fue acercando el pretexto para romper la tregua. El florero de Llorente terminó siendo el ataque de las Farc del 16 de junio de 1987.

    La cruenta terminación de la paz

    “Nos faltó crear un ambiente oportuno e idóneo entre las Farc y el Gobierno y, también nos hizo falta crear un ambiente de confianza que nunca se pudo lograr entre las partes y se deterioró con el cambio de presidente. Todo se vio afectado por la violencia contra los miembros de la UP. Creo que detrás de todo prevaleció un sentimiento de profundo anticomunismo”, insistió el exconsejero Carlos Ossa Escobar. Aquel 16 de junio de 1987, el saldo del ataque no dejó espacio a una nueva oportunidad. Fueron 27 víctimas mortales, entre ellas un civil, y 42 heridos. Una elevada cifra que marcó el día en que se terminó el accidentado cese el fuego suscrito en marzo de 1984.

    El Batallón Cazadores, una de las unidades más antiguas del Ejército Nacional, cumplía ese día labores de contraguerrilla y desarrollaba avances de un programa cívico-militar relacionado con la apertura de vías, caminos veredales, construcción de puentes, escuelas y centros de salud. Por eso, al día siguiente del atentado, el entonces ministro de Defensa, general Rafael Samudio Molina, rechazó lo sucedido y señaló como responsables a los frentes de la guerrilla que le habían prometido al consejero de paz el respeto a la tregua y el fortalecimiento de las comisiones de verificación.

    Por su parte el presidente Virgilio Barco, que ya no sabía cómo proceder ante tantos asesinatos de miembros de la UP, y que simultáneamente tenía múltiples presiones para finiquitar un proceso de paz sin suficientes dolientes, lanzó públicamente la declaratoria que convirtió los acuerdos de tregua en asunto del pasado. “Sobra decir que, en cualquier parte del territorio nacional en donde la Fuerza Pública sea atacada, el Gobierno entenderá que en esa zona ha terminado el cese al fuego, como ha ocurrido en el caso del Caquetá”. El ultimátum fue definitivo. A pesar de que la consejería de paz intentó reparar el camino, tomó 30 años para que las Farc depusieron las armas, como se vio esta semana en La Elvira (Cauca).

  • Dario López
    Dario López Colaborador Role_EMC
    Colaborador, EMC
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    Memorias de la guerra que vivió la Armada Nacional

    La Universidad Santo Tomás hizo un estudio sobre la cultura de esta fuerza naval, las dificultades que debió soportar durante la guerra y el contexto histórico del Pacífico y el Caribe colombiano. Esperan que sea un insumo para la construcción de la memoria nacional. 


    En las últimas décadas del siglo XX la Armada Nacional reorganizó su esfuerzo para apoyar al Ejército Nacional y la Policía Nacional. Esta última había sido desbordada por la intensidad del conflicto. Fue así como esta fuerza naval asumió una parte de la jurisdicción de los Montes de María y la franja costera de 20 km del Pacífico colombiano. También se hizo cargo de muchas cuencas de los ríos más representativos de colombia.

    Para narrar estas memorias de guerra, la Armada contactó a la Universidad Santo Tomás. La División de Ciencias Sociales, la Facultad de Sociología y la Maestría en Planeación para el Desarrollo asumieron el reto de contar la historia desde los ojos de decenas de jóvenes que perdieron partes del cuerpo o familiares mientras cumplían sus deberes en la Fuerza Pública.

    El resultado es un libro dividido en tres partes: En la primera parte se habla del contexto histórico de las áreas Pacífico y Caribe. La segunda parte habla de las historias de las víctimas y los afectados de la Armada. “La idea no era narrar las operaciones sino los procesos de recuperación luego del evento”, explica Camilo Castiblanco, sociólogo de la Universidad Nacional que hizo la investigación para la Universidad Santo Tomás, y es coescritor del libro.

    La tercera trata de algo que los investigadores llamaron antropología militar, es decir, narra qué significa para un militar su uniforme, su cuerpo, su honor, dejar a la familia por largos espacios de tiempo y otros aspectos de su vida íntima. Colombia2020 reprodujo una de las historias que contiene el libro. 

    “Así como cargaba mi mochila, así cargaba la muerte a cuestas”

     “Algún día lo quiero ver así, como todo un Infante de Marina”. Ese es el primer recuerdo que José Puche tiene de niño en las playas de Coveñas. A su padre, la fascinación por la labor de los Oficiales lo llevó a tener a muchos de ellos como amigos.

    Entonces, al niño de barrio, el que creció corriendo por las calles de Montería (Córdoba) y ayudando a su padre en el oficio de mecánico, le quedaron sonando todas las historias que escuchaba cuando los Oficiales de todos los rangos de la Armada Nacional le llevaban los carros de la base a que les hiciera ajustes. “Mi padre tenía una fascinación por las armas”, contó.

    Pero en su adolescencia, fueron otras las razones por las que decidió enlistarse. “La situación económica era muy difícil en mi familia, entonces, me fui para la Armada. Yo solo tenía diecisiete años, no había terminado el bachillerato, y me dejaron entrar porque mi padre tenía conocidos allá. Eso fue en el año 1998”.

    Le dolía alejarse de la tierra que lo vio nacer, por eso, pensó que si hacía un curso para Suboficial, cada dos años, iba a estar en una parte diferente del país. “Yo tenía este lema: de aquí de los Montes de María si no salgo muerto, salgo pensionado”. La vida de militar se la tomó con humor, era la única forma de hacerle el quite a la adversidad, la misma que lo hizo ver masacres perpetradas por guerrilleros y paramilitares en la tierra que más amaba.

    Ir del batallón a la casa era un riesgo inminente de encontrarse con el enemigo de frente, entonces, armaban toda clase de estrategias para no toparse con la muerte. Málaga, Palenque, Turbaco, Arjona, Cartagena. Ninguno de estos sitios se salvaba, en todos se corría riesgo. Los militares eran blanco de guerrilleros y paramilitares.

    Llevar a los militares hacía el casco urbano era una tarea difícil. “Yo sabía que algún día me iba a tocar. Así como cargaba mi mochila, así cargaba en peso de la muerte a mis espaldas. Uno se familiariza con eso, todos los días”.

    José Puche nunca le contaba a su madre ni a sus hermanos menores, dónde se encontraba, ni qué hacía, sentía pavor de ponerlos en riesgo, cada visita era intempestiva, era la única forma de protegerlos.

    “Por qué estás así de flaco hijo”, eso le decía ella cuando lo veía llegar con su rostro demacrado. Él callaba, incluso, si antes había tenido que soportar horas, al costado de una carretera, aguantando todas las inclemencias del clima, luego dos o tres horas montado en un camión hasta llegar al batallón, y de ahí, tener la suerte de entregarlo todo sin problemas, no podía faltar ni un cartucho, luego venía en anhelado permiso o la negativa del mismo, que era peor. En esa escena venían muchas peleas, la desesperación hacía estragos. “Siempre me acuerdo de lo que me dijo un Suboficial: mis hijos, que mi Dios los bendiga porque huelen a formol. Eso fue cuando salimos de la base de Coveñas”.

  • Dario López
    Dario López Colaborador Role_EMC
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    HUMANIZAR, EL OBJETIVO

    La memoria histórica de las Fuerzas Militares

    Desde hace dos años, los oficiales que buscan ascender a coroneles o capitanes de Fragata deben tomar un curso obligatorio de escritura de sus propios relatos de guerra


    Los ejercicios de construcción de memoria en las Fuerzas Armadas buscan humanizar a los combatientes. / Mauricio Alvarado-El Espectador

    “El Vick Vaporub era normal utilizarlo en la nariz para soportar los olores putrefactos de los cuerpos y la pólvora de los explosivos que quedaban en el ambiente. Sólo fue posible encontrar a 18 soldados de los 22 que murieron en la explosión de la casa en la que descansaban en medio de un operativo en El Castillo (Meta). El resto de cuerpos quedaron esparcidos en un área de aproximadamente 200 metros y su búsqueda duró casi dos días. Lo más impactante fue cuando empezaron a subir los restos a mi helicóptero. Había bolsas de 20 centímetros, donde se encontraban las partes de los cuerpos que se pudieron recuperar”. Este fragmento forma parte de la historia del mayor Naily Akid Ganem Hernández.

    Como él, más de una decena de oficiales de las Fuerzas Armadas (entre hombres y mujeres) han empezado a escribir las anécdotas más duras que padecieron durante la guerra. El ejercicio, sin duda, ha dado elementos valiosos para comprender el impacto que tuvo para Colombia este conflicto armado de más de medio siglo.

    Todos estos oficiales llegarán a conformar el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y, según el coronel Wilson Alabe, director del Centro de Investigación en Conflicto y Memoria Histórica Militar de la Escuela Superior de Guerra, el objetivo es humanizar a quienes han estado más de la mitad de su vida en guerra.

    “Lo que se pretende es resaltar la parte humana del miembro de las Fuerza Militares. En el ejercicio de escribir su relato se busca darles las herramientas para que ellos sepan cómo se construye memoria. Es desarmar ese vocabulario y ese resentimiento que queda del conflicto. Además, se trata de permitir ver que detrás de este uniforme no hay una máquina de guerra, sino un ser humano, explicó el coronel Alabe.

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    “Llega a mí una imagen mientras aterrizamos en el puesto del alto Coreguaje (Caquetá) con los comandantes: una línea de muertos, aproximadamente 50, entre guerrilleros y soldados de la patria. Las paredes de las casas están completamente agujereadas por los combates. Recuerdo el olor a selva y a sangre, y mi curiosidad por ver los muertos de la guerrilla. Al ver sus rostros noté que todos eran muy jóvenes, podría decir que ninguno era mayor de edad, había niños y niñas. Me embargó un sentimiento de repudio”

    Las palabras son parte del texto que escribió el mayor Yerim Andrés Rozo Cepeda en este curso de Memoria Histórica, que empezó a dictarse hace dos años a quienes buscaban ascender a coroneles y capitanes de Fragata. En ese momento se estableció una estrategia para enseñarles a los militares la importancia de comprender este pasado. Elizabeth Andrade, psicóloga y máster en derecho internacional humanitario y asesora de este centro de investigación militar, explicó que el gran valor de estos relatos es que se trata de personas que conocen de cerca el conflicto y, por lo tanto, contribuyen a la creación individual e institucional de la memoria.

    “No buscamos cambiar ni transformar la historia, pues estas memorias se cuentan desde una visión personal. El objetivo es entenderla. Es leerla desde las vivencias de individuos particulares. Muchas de esas historias pueden, por ejemplo, demostrar que algunos miembros de las Fuerzas Armadas también fueron víctimas de violaciones a los derechos humanos dentro del conflicto. Esto, obviamente, teniendo en cuenta toda la reglamentación nacional e internacional. A su vez, estos escritos son parte de la memoria institucional que se debe recuperar y que explica cómo la guerra afectó la parte humana de los militares”, manifestó Elizabeth Andrade.

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    “Quiero compartir con ustedes la historia que vivimos con una unidad en la vereda El Carmín, en el municipio de Anorí (Antioquia), donde un soldado miembro de una unidad fue afectado por una mina antipersonal. Fue afectado en su miembro derecho, más abajo de la rodilla. Esa parte de su cuerpo se desprendió en el momento del estallido de la mina. Fue evacuado, y gracias a Dios hoy continúa su recuperación en el centro de rehabilitación. Pero el soldado no sólo quedó afectado por perder su pierna; ese fue el comienzo de una nueva vida, personal, familiar y laboral” escribió el mayor José Ángel Albino Álvarez.

    Reconstruir las vivencias y memorias de la guerra desde lo que les sucedía a los militares se pensó una tarea imposible. Sin embargo, ante la firma del Acuerdo de Paz con las Farc y la necesidad de transformar las Fuerzas Militares, la memoria histórica empezó a ocupar un lugar privilegiado.

    “La gente cree que construir memoria histórica es difícil, pero cuando uno les explica que es relatar su propia vida es muy diferente. Por eso queremos mostrar que un piloto de un helicóptero Black Hawk no es una máquina de guerra, sino un ser humano. Nuestra labor se basa en tres premisas: humanidad, legitimidad y victoria. La meta es dar a conocer el costo humano del conflicto en las Fuerzas Militares”, concluyó el coronel Alabe.

    Este es uno de los tantos intentos de las Fuerzas Armadas por contribuir, desde su propia óptica, a las múltiples visiones que existen para entender qué sucedió en el conflicto armado que perduró en el país más de medio siglo.

  • Dario López
    Dario López Colaborador Role_EMC
    Colaborador, EMC
    Subteniente

    Una casa y mil sueños volando

    Esta es una de las historias que escribieron oficiales sobre sus vivencias durante el conflicto armado, en el curso de construcción de memoria histórica de las Fuerzas Armadas.

    Mayor Naily Akid Ganem Hernández

    "Yo, el mayor Naily Akid Ganem Hernández, quiero compartir muchos momentos que encierran alegría, tristeza, enojo, impotencia, decepción, miedo, frío, calor y muchos más sentimientos encontrados que alimentan nuestros recuerdos. Han dejado fuertes huellas e imágenes que nos acompañarán más allá del tiempo que dura nuestra carrera militar y van moldeando como arcilla nuestro carácter y nuestra forma de ver el conflicto. Al cual decidimos participar cuando juramos defender a Colombia y morir por ella.

    Durante estos casi 20 años de carrera tuve la oportunidad de vivir y experimentar muchos acontecimientos que dejaron en mi memoria marcas tanto físicas como en el alma. Una mañana del 29 de enero del año 2002, estando disponible para volar en el helicóptero HUEY II, en la base militar de Apiay (Villavicencio).  Fui llamado para ir y realizar un requerimiento de transporte en el área de El Castillo (Meta).  Al llegar al sitio, vi un cráter de aproximadamente cinco metros de radio y dos metros de profundidad. Los escombros de lo que era una casa estaban esparcidos por todos lados y la vegetación alrededor estaba destruida, había restos de uniformes militares y sangre. Me impactó ver tal escena de destrucción.

    En la misma área había 12 bolsas negras, donde se encontraban algunos de los cuerpos de los soldados que estaban en esa casa. Ellos venían desarrollando una operación de persecución de algunos bandidos que los habían hostigado anteriormente. Sin observar ni verificar de la mejor manera esa casa, los soldados ingresaron para descansar sin percatarse que había sido preparada y cebada con explosivos que se activaron mientras dormían. La explosión acabó con la vida de 22 hombres que hacían parte de la compañía del Batallón Contraguerrilla No. 53, adscrito a la brigada móvil No. 3.

    El Vick Vaporub era normal utilizarlo en la nariz para soportar los olores putrefactos de los cuerpos y la pólvora de los explosivos que quedaban en el ambiente. Sólo fue posible encontrar a 18 soldados de los 22 que murieron en la explosión de la casa en la que descansaban.  El resto de cuerpos quedaron esparcidos en un área de aproximadamente 200 metros y su búsqueda duró casi dos días. Lo más impactante fue cuando empezaron a subir los restos a mi helicóptero. Había bolsas de 20 centímetros, donde se encontraban las partes de los cuerpos que se pudieron recuperar. Quedamos con la incertidumbre de no haber podido encontrar a cuatro soldados que terminaron registrados como desaparecidos.  

    Cuidado de salvación

    En el año 2002 me encontraba disponible para volar un helicóptero cuando nos ordenaron salir a una misión de evacuación aeromédica. Procedimos al área de operaciones en San José del Guaviare, escoltados por un helicóptero B-212 rapaz para evacuar a un soldado herido en combate. Cuando aterrizamos, vi cuando subieron en una camilla hecha de una manta camuflada y unos palos de soporte al herido. La acción la hacen con mucho cuidado, debido a que el disparo que lo alcanzó entró por la parte superior del hombro y se alojó en su espalda. La idea era no moverlo mucho para evitar que llegara a quedar cuadripléjico.

    Lo evacuamos y el enfermero de combate nos dijo que pidieramos por radio una camilla para trauma de espalda. Miré al muchacho a los ojos y vi su sufrimiento. Él  sabía que podía llegar a tener complicaciones y, de pronto, no podría volver a caminar. Sus ojos me decían que no lo dejara morir, que éramos su única esperanza de vida. Cuando llegamos a la base militar de Apiay había una ambulancia esperándonos para recibir el herido. Cuando se acercaron al helicóptero, dos enfermeros cogieron de las piernas y de los brazos al herido, sin ningún cuidado, y lo montaron en una camilla acolchada. Su cabeza la dejaron por fuera de la misma. En ese instante me llene de impotencia, me acordé como sus compañeros en el área de combate intentaron no moverlo mucho para cuidarle su espalda, con compañerismo y cariño. 

    Después de ver la poca precaución de los enfermeros, me bajé del helicóptero y me acerqué iracundo. Les dije que no era posible que todo el esfuerzo que se había hecho en el campo de batalla se perdiera.  Les dije que ese soldado era un héroe y estaba dando su vida por defendernos a todos. "Por favor respeten su estado y trátenlo con el cuidado necesario que se merece”, les reclamé.

    Días después tuve que volver a Apiay y averigüé por el soldado que había evacuado por esos días. Me informaron que el muchacho había quedado paralítico, que no pudieron hacer nada en la cirugía porque el proyectil estaba en su columna. Me sentí muy mal y siempre quedó en mi memoria la mirada de ese soldado que me pidió que lo salvara y yo le respondí que estaría en buenas manos. Sentí que le fallé".

  • Dario López
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    Memorias de un Colibrí

    Esta es una de las historias que escribieron oficiales sobre sus vivencias durante el conflicto armado, en el curso de construcción de memoria histórica de las Fuerzas Armadas.


    "De mi infancia tengo recuerdos del conflicto armado que marcaron mi amor por el servicio a mi patria. Guardo en mi mente la toma del Palacio de Justicia. Sucedió una tarde cuando nos encontrábamos en la casa de mi abuela. Recuerdo el aroma a chocolate caliente y la angustia de mi abuela ante la noticia que no podía creer. A eso se sumaba la desesperación por no saber nada de mi tía, que trabajaba en el sector donde pasaron los hechos. Solo teníamos las imágenes que pasaban por la televisión.

    Otra triste remembranza que tengo es la bomba que explotó en el CAN, por esos días en que las detonaciones en la ciudad eran seguidas por culpa del narcotráfico. Mi padre se encontraba muy cerca al sitio y resultó afectado. Recuerdo verlo llegar en su vehículo, narrando su experiencia, visiblemente nervioso. En mi corazón agradecía que no le hubiese pasado nada. Pero mi papá aún guarda unas esquirlas de lo que le pasó aquel día, que no se borran de su memoria.

    Las diferentes noticias que difundían por televisión, las que se escuchaban en la radio y las que leía en el periódico, me hicieron pensar que yo podía hacer algo. Soñaba con volar para ayudar a la gente y también protegerla. Con esfuerzo y dedicación logré ingresar a la Fuerza Aérea Colombiana en 1996. Durante el tiempo de escuela recuerdo que no podía salir a descansar por los acuartelamientos, que eran muy comunes en esta época. En esa etapa viví de cerca el atentado contra la Escuela Militar de Aviación, a mediados de 1999. Unos cilindros habían explotado a escasos metros de nuestro alojamiento. Recuerdo ver una ventana corrediza pasar de lado a lado; el olor a pólvora; los gritos y el sentimiento de incertidumbre por no saber que ocurría; los soldados corrían con sangre en su cara. La noche era lluviosa y escuché rápidamente las turbinas de un helicóptero. Tomé el armamento y, en mi paso acelerado, vi a los cadetes, heridos por los vidrios, afanados por llegar al lugar de reacción. Escuchamos sobrevolar el helicóptero pese a la lluvia y eso nos hizo sentir más seguros. Al otro día, nuestra aula de vuelo estaba destrozada.

    Pasado el tiempo, y luego de graduarme como oficial piloto de la Fuerza Aérea, en diciembre de 1999, (recuerdo la felicidad de mis padres y familiares) con las expectativas inmensas de ser piloto de helicóptero, fui asignado a la base aérea que ha construido una gran parte de la historia del país.

    Con el amor de servir y ayudar a la gente empecé a salir a comisión, como copiloto de un poderoso rapaz, aeronave que realizaba misiones de transporte de heridos, de muertos, de víveres, de personalidades. En ocasiones aterrizabamos en lugares inhóspitos. Los plexiglases delanteros (vidrios de seguridad) parecían la pantalla de una película de acción y los radios narraban y describían esos momentos.

    Fueron varias las misiones. Pero recuerdo una que me impactó, a mediados del 2001. Salimos de Tres Esquinas Caquetá "en reacción", como normalmente ocurría cuando se tomaban una población o había un ataque a las tropas de tierra. La misión era apoyar a las tropas que estaban siendo atacadas entre la Tagua y Puerto Leguizamo, lugar conocido como el Alto Coreguaje. Volamos directo al punto, las condiciones meteorológicas no eran muy buenas. Nos acercamos cada vez más y por el radio escuchamos la angustia, el afán de quienes estaban en tierra. Ya en el punto, alcanzamos a escuchar los tiros y ráfagas. Podíamos ver muy poco porque estábamos volando entre colchones de nubes. La impotencia nos embargó. Se logró disparar a algunos sitios y hacer que se desplazaran los bandidos. Estuvimos ahí hasta que el combustible lo permitió y llegó el apoyo de otra aeronave. Fuimos a  Puerto Leguizamo a tanquear.

    Llega a mí una imagen mientras aterrizamos en el puesto del alto Coreguaje (Caquetá) con los comandantes: una línea de muertos, aproximadamente 50, entre guerrilleros y soldados de la patria. Las paredes de las casas están completamente agujereadas por los combates. Recuerdo el olor a selva y a sangre, y mi curiosidad por ver los muertos de la guerrilla. Al ver sus rostros noté que todos eran muy jóvenes, podría decir que ninguno era mayor de edad, había niños y niñas. Me embargó un sentimiento de repudio al ver como ellos eran carne de cañón, dirigidos por unos cobardes que solo querían hacerle daño a la Nación.

    A los pocos días se desarrolló una operación porque se sabía que los guerrilleros estaban cerca. Recuerdo ir con tropas del Ejército. Un helicóptero MI se adelantó. Al llegar al punto propuesto para el aterrizaje el MI llegó primero. Aún estábamos a unas millas, cuando escuchamos que les estaban disparando. Increíble, pero el MI con el flujo de su rotor abrió la copa de los árboles durante la trayectoria de aproximación. Y allí se encontraban los guerrilleros reunidos para almorzar. Recuerdo ver al MI tratando de volar para cruzar el río y caer al otro lado, con bastante humo. Todo fue en cuestión de segundos.

    Aterrizamos cerca de la aeronave con la tropa que llevábamos a bordo. El helicóptero escolta y las aeronaves armadas disparaban, los helicópteros de transporte bajaban la tropa y evacuaban heridos. Luego volvimos a Puerto Leguizamo. Días después tuvimos que ir al punto y aterrizar en medio de la selva cerca de la aeronave. Esperamos un tiempo y realmente no nos explicábamos como el MI había volado y logrado caer al otro lado del río. Tenía más de 100 impactos de diferentes calibres. Estuvimos varios días sobre volando entre la Tagua y Puerto Leguizamo. Cuando teníamos que comer, salíamos escoltados y armados. La comisión terminó para mí, pero en el sector continuaron las operaciones. Regresé a la base y fui a visitar a mis padres. Solo les conté que había conocido sitios muy bonitos y lugares nuevos, que era muy interesante volar helicóptero".

    Escrito por el mayor Yerim Andrés Rozo Cepeda.

  • Dario López
    Dario López Colaborador Role_EMC
    Colaborador, EMC
    Subteniente

    Un héroe y una mina

    Esta es una de las historias que escribieron oficiales sobre sus vivencias durante el conflicto armado, en el curso de construcción de memoria histórica de las Fuerzas Armadas.


    Más de la mitad de víctimas en el país de minas antipersonales son integrantes de la Fuerza Pública. /Archivo El Espectador


    "Yo quiero contar cómo vivimos el conflicto armado en el nordeste antioqueño, una región con diferentes actores armados. Por un lado, estaba el Frente 36 de las Farc. Por el otro, el frente de guerra noroccidental del Eln y un grupo de autodefensas en constante conflicto por el control de la minería ilegal de esta zona, tan rica en minerales y en minas fantasma, como las llaman algunos soldados que llevan tiempo en la zona.

    Las minas antipersonales son un factor demasiado complejo con el que nos enfrentábamos cada vez que ingresábamos a esta zona. Por ejemplo, durante las acciones por el control de insumos para el procesamiento de la pasta base de coca encontrábamos campos minados. De 10 minas que se desactivaban una explotaba y producía una afectación, bien sea a la misma población o a la unidad que se encontraba desarrollando el operativo. En estas operaciones se vivía también la zozobra que producía tener que evitar el contacto con la población civil. 

    En la vereda El Carmín, del municipio de Anorí, un soldado miembro de una unidad militar fue afectado por una mina antipersonal. Era la una de la tarde, la unidad terminó de recibir sus instrucciones y, ante una orden de alistamiento, un soldado salió hacia su sector de responsabilidad. En el camino cayó en un hueco sin saber que, desgraciadamente, lo esperaba una mina. Fue afectado en su pierna derecha, más abajo de la rodilla. Esa parte de su cuerpo se desprendió en el momento del estallido. Lo evacuaron y, gracias a Dios, hoy continúa su recuperación en el centro de rehabilitación. Pero el soldado no sólo quedó afectado por perder su pierna; ese fue el comienzo de una nueva vida, personal, familiar y laboral. En lo personal, este soldado, que venía de una familia humilde, era una persona extrovertida y luego de esto su capacidad de locmoción se vio reducida. Se alejó por eso, también, de uno de sus mayores intereses: subir y bajar por las montañas de Colombia para proteger a los ciudadanos.

    En lo familiar, este soldado profesional, que durante seis o más meses no veía a su esposa, perdió la ilusión de salir a disfrutar de una buena rumba o de jugar con sus hijos en diferentes parques. Esos cortos momentos eran los más felices para él y su familia. Pero después de este incidente su interacción familiar disminuyó. En lo laboral, perdió capacidad. Y hoy se ve como una persona que no puede cumplir su rol, sintiéndose rechazado por lo que más quería, su profesión militar.

    Surgen muchas preguntas sin respuesta en una unidad cuando suceden este tipo de afectaciones. Se culpan unos a otros y rondan interrogantes como: ¿por qué estamos en ese sector? Preguntas a las que, como comandante de batallón, me vi invocado a responder. En ese momento recordé que mi padre decía: "siempre debes mirar hacia todas las direcciones y pensar cuáles serían las consecuencias de cada uno de tus actos, en cada momento, circunstancia o situación que vivas”. 

    Me vi enfocado a revisar cuál sería la acción a tomar para poder mantener la vocación de mi unidad en el área de operaciones. Esto me llevó a buscar dentro de mis archivos y a encontrar algunos aspectos para entender por qué luchamos: estamos aquí porque los colombianos requieren de hombres con el fin de proteger a la población y defender la soberanía nacional, integridad territorial, independencia y orden constitucional, de acuerdo al cumplimiento del artículo 217 de la Constitución Nacional. También les pedí a todos los miembros de la unidad que cerraran los ojos y se imaginaran cómo querían que estuviera el país en el momento en que sus hijos quisieran llevar a sus nietos a disfrutar de las maravillas que tienen los rincones de Colombia".

    Escrito por el mayor José Ángel Albino Álvarez.

  • Dario López
    Dario López Colaborador Role_EMC
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    Con “Memoria Histórica” Ejército cuenta su versión de la guerra

    esde que se crearon las guerrillas en Colombia, el Ejército Nacional ha estado tras la lucha constante de acabarlas, dejando a su paso cientos de combatientes, tanto de las fuerzas armadas nacionales como delincuentes abatidos.

    Mucho se sabe de operativos que los medios de comunicación han contado, pero, a cuántos de esos operativos han tenido acceso los ciudadanos, o ¿cuántas personas conocen la verdad de los hechos por parte del Ejército?

    El Coronel (r) Jairo Martín Sandoval lleva tres años trabajando en conjunto con el Comando General de las Fuerzas Militares y con la Jefatura Jurídica Integral del Ejército para que los colombianos sepan cómo fue la lucha de la entidad a lo largo de los años contra las instituciones delictivas que han surgido.

    El proyecto “Memoria Histórica” nace, según le contó Sandoval a Kienyke.com  luego de que el Ejército Nacional quisiera construir la memoria de cada una de las divisiones de la misma.

    Para eso, contó que se conformó un grupo con un coordinador, sociólogo, politólogo, comunicador social, abogado y un archivista para comenzar a contar la verdad vista desde el Ejército.

    Con ellos se comenzó entonces un trabajo de recopilación y de investigación de archivos militares, que son fundamentales para la “Memoria Histórica” porque, según Sandoval, “no habían sido mostrados ante el país y creían que ya era hora de mostrar la verdad contada por ellos”.

    Fue así como empezó la recopilación desde 1958. Allí empezaron a ver qué era importante contar del conflicto no solo en Antioquia, sino en toda la nación.

    Durante la búsqueda, el general en retiro aseguró que en un comienzo era complejo recoger información porque  antes la entidad no contaba con los recursos necesarios para poder guardar material probatorio, pero con la llegada del denominado “Plan Colombia” el Ejército obtuvo más recursos y empezaron a aparecer entrevistas, audios y testimonios de militares sobre las operaciones en las que los militares estaban involucrados.

    Teniendo los insumos, y con las ganas de contar la verdad, el grupo de Memoria Histórica escarbó en los Cd’s, los videos y testimonios que tenían para anexarlo a la realidad que hoy tiene el país.

    Relatos de los soldados en campos minados, o ataques guerrilleros, como situaciones de combate en videos fueron algunos de los descubrimientos que están a punto de ser contados y que nadie tenía conocimiento de ellos.

    Casos como la batalla de Dabeiba que sufrieron uniformados en octubre del 2000, donde la guerrilla llegó a ese municipio a matar personas a ‘diestra y siniestra’, o la recuperación de la autopista Medellín-Bogotá, están en este momento en el trabajo de la Memoria Histórica para ser contados en los próximos meses.

    El primero de estos tendrá relatos de las familias que perdieron a sus hijos, hermanos o padres defendiendo el municipio y quedarán plasmados en un libro. El segundo, será un cortometraje que saldrá a la luz pública pronto y contará cómo era el drama de las personas que convivían en esa autopista y cómo ha mejorado esta en el lapsus del año 2000 hasta el año 2010.

    En resumidas cuentas, la intención que tiene el Ejército con su Memoria Histórica no es solo hacer saber la versión que ellos tienen registrada, sino que este proyecto es y será un gran homenaje para todos aquellos que como le dijo Sandoval a este medio ” han dejado un granito de arena en la patria”

  • Dario López
    Dario López Colaborador Role_EMC
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    Subteniente

    El testimonio de memoria




    Es imperativo que las Fuerzas Militares cuenten la guerra desde sus vivencias como soldados al servicio del país, por esta razón es importante visibilizar los esfuerzos de miles de hombres y mujeres que participaron en la defensa del país poniendo en riesgo sus vidas y las de sus familias.
  • Dario López
    Dario López Colaborador Role_EMC
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    Las historias de la Fuerza de Despliegue Rápido



    Los militares de la Fuerza de Despliegue Rápido cuentan sus experiencias y testimonios en el campo de combate con el propósito de iniciar procesos de construcción de memoria histórica que permitan enriquecer las interpretaciones que existen sobre el conflicto armado colombiano.
  • Dario López
    Dario López Colaborador Role_EMC
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    El soldado campesino



    Este material audiovisual permite reflexionar sobre las memorias de los soldados campesinos quienes han enfrentado por varios años los procesos de violencia en el marco del conflicto armado colombiano. Es importante que además de reconstruir la historia del conflicto, se realicen esfuerzos por aportar a la construcción de paz en Colombia.
  • Dario López
    Dario López Colaborador Role_EMC
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    Subteniente

    La memoria histórica



    La memoria histórica busca rescatar las representaciones del pasado de individuos o comunidades que comparten experiencias sobre la violencia en el país. La memoria histórica se representa por medio de fotografías, vídeos, narrativas, relatos, crónicas y testimonios.
  • Dario López
    Dario López Colaborador Role_EMC
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    Subteniente

    Los vehículos de la memoria




    La memoria histórica se puede difundir a través de diferentes representaciones como libros, obras de teatro, pinturas, programas de televisión y otras tantas que se deben ajustar a las necesidades de quienes deseen difundir este tipo de trabajos.
  • Dario López
    Dario López Colaborador Role_EMC
    Colaborador, EMC
    Subteniente

    Metodologías de investigación




    La memoria histórica puede ser construida por cualquier persona, para iniciar con este ejercicio es necesario que se emplee una metodología adecuada que contribuya al bienestar de los participantes y al logro de los objetivos establecidos por el investigador. Por esta razón es necesario que se conozca de cerca el tema a tratar y de esta manera se escojan los medios adecuados para llevar a cabo el ejercicio o investigación.
  • Avenger2
    Avenger2 Forista
    Forista
    Técnico de Cuarto Grado
    El asunto es que al ejercito le queda muy duro hacer una historia que no sea patriótica llena de epiquismo y sacrificio, aunque lo haya habido, trascender de esa simpleza lleva a la historia a una  mas profunda y en contacto con otras realidades de otros actores y su día a día y para esto se requiere mucha capacidad critica y mas de auto critica a la hora de analizar a una institución tan grande como lo son las FFMM que acertados en muchas cosas y han fallado muchas otras.

    Les pondré un ejemplo en estos relatos de guerra han oído algún comentario acerca de sus superiores? De los políticos de turno? De la falta de planeacion? Incompetencia militar?  De lo mal equipados que estan las fuerzas militares? Todas estas cosas las sabemos muchos foristas por que tenemos acceso a un mundo mas amplio sobre doctrinas, equipos y un largo etc pero para el militar común y corriente le es difícil llegar a cuestionar a su institución sin pensar que a la vez le estan traicionando u ofendiendo. Esa incapacidad es la que limitar muchas veces dar una historia objetiva y amplia sobre las fuerzas militares, y es ese vació conceptual independientemente de su ideología es el que le toca llenar a los académicos basados en los silencios y omisiones de los mismos narradores.
    Editado por Avenger2 on
  • Dario López
    Dario López Colaborador Role_EMC
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    Subteniente
    Avenger2 escribió:

    Les pondré un ejemplo en estos relatos de guerra han oído algún comentario acerca de sus superiores? De los políticos de turno? De la falta de planeacion? Incompetencia militar?  De lo mal equipados que estan las fuerzas militares? Todas estas cosas las sabemos muchos foristas por que tenemos acceso a un mundo mas amplio sobre doctrinas, equipos y un largo etc pero para el militar común y corriente le es difícil llegar a cuestionar a su institución sin pensar que a la vez le estan traicionando u ofendiendo. Esa incapacidad es la que limitar muchas veces dar una historia objetiva y amplia sobre las fuerzas militares, y es ese vació conceptual independientemente de su ideología es el que le toca llenar a los académicos basados en los silencios y omisiones de ellos mismos.
    Y creo que no va a encontrar nada de eso aca.

    El trabajo es de resaltar lo vivido, sufrido, bueno y malo del ser humano como militar, enfocándose en el reconocimiento de sus miembros como seres sociales, a través de la dignificación, enaltecimiento de las víctimas y sus familias

    Aca no van a realizar proceso de adquisición, mejoramiento, investigación de equipos.

    Ni tampoco se van a presentar estudios de fuerza, geo politicos, de estrategia o de cualquier otro.

    Si se da cuenta los relatos, empiezan con .....   "esto me paso a mi"

  • Avenger2
    Avenger2 Forista
    Forista
    Técnico de Cuarto Grado
    Por eso digo a eso no se le puede llamar Historia, a lo sumo crónica, memoria o relato historia personal o de vida pero jamas Historia en todo el sentido de la palabra.
  • Dario López
    Dario López Colaborador Role_EMC
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    Subteniente

    No hubo tiempo para la tristeza




    El documental No hubo tiempo para la tristeza cuenta por qué Colombia ha sido escenario de un conflicto armado durante más de 50 años y cómo los ciudadanos han sobrevivido a este largo periodo de violencia.

    El relato refiere los hallazgos del Informe ¡Basta ya! Colombia. Memorias de guerra y dignidad elaborado por el Centro Nacional de Memoria Histórica.

    También presenta a hombres y mujeres que desde La Chorrera, Bojayá, San Carlos, las orillas del río Carare, Valle Encantado y Medellín dicen que Colombia no puede permitir que la atrocidad de la que ellos fueron testigos se repita.
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