REFLEXIONES Y MENSAJES DE VIDA

Hola a todos los respetables Foristas.

REFLEXIONES DE VIDA

Bienvenidos. Este espacio será una pequeña ventana para la reflexión, para la esperanza y para compartir aquellas anécdotas o experiencias vividas en este mundo pero que dejan un mensaje que puedes o no aprovechar. Disfruta.

Empiezo con...

MOISÉS ANGULO - "¿POR QUÉ NO TE CALLAS?"

http://www.youtube.com/watch?v=iDuL5Gsk6AU&feature=plcp

MOISÉS ANGULO - "LAS TAZAS DE CAFÉ"

http://www.youtube.com/watch?v=WqKqwSsqfps&list=UUv0tjtVNKQHxgsHhVZ7Vziw&index=1&feature=plcp

REFLEXIONES PARA VIVIR MEJOR

http://www.youtube.com/watch?v=O3i0TmDBtqA

Auf Wiedersehen.

Comentarios

  • SPIDERMAN
    Publicaciones: 7,305Sargento Mayor 2840
    Hola a todos.

    MOISÉS ANGULO- "LAS DOS MADRES"

    http://www.youtube.com/watch?v=f9RpYrOV1gU&feature=plcp

    Auf Wiedwersehen.
  • SPIDERMAN
    Publicaciones: 7,305Sargento Mayor 2840
    Hola, a todos.

    MOISÉS ANGULO- "¿QUE ESTÁS PENSANDO?"

    http://www.youtube.com/watch?v=GJxdiqBpXHU&feature=plcp

    Auf Wiedersehen.
  • KQRE
    Publicaciones: 2,601Soldado 10
  • SPIDERMAN
    Publicaciones: 7,305Sargento Mayor 2840
    Hola a todos.

    MOISÉS ANGULO - PAN DE ALEGRÍA (ESTAS CANSADO?)

    http://www.youtube.com/watch?v=JB6CM_QqS2M&feature=plcp

    MOISÉS ANGULO - PAN DE ALEGRÍA (EL BOBO ALIPIO)

    http://www.youtube.com/watch?v=V__yDlcJma4&feature=plcp

    Auf Wiedersehen.
  • Dario López
    Publicaciones: 7,153Subteniente 3665 Bogotá

    Ni la oscuridad pudo vencer el deseo de Édison por aprender

    El poste de la luz, sembrado en el patio de la casa, se atraviesa en el paisaje: un cielo azul despejado, una colina que parece una colcha de retazos con espigas de trigo doradas, un tapete natural de florecitas amarillas, dos vacas, un ternero, dos perros y diez gallinas. Un bello y tranquilo paisaje rural con un poste que solo hace estorbo.

    Es la casa de Édison Parra, un joven campesino de 18 años que estudiará arquitectura en la universidad Jorge Tadeo Lozano, en Bogotá, gracias a una de las 10.000 becas otorgadas por el Gobierno. Queda en los confines de la vereda El Escobal, a 40 minutos en carro de Ramiriquí (Boyacá).

    Y allá, donde vive con su mamá y una hermana –pese al poste del patio– nunca ha habido servicio de energía eléctrica. El poste lo enterró la Alcaldía hace más de 15 años y nunca lo conectó a la red de electrificación que sí llega a donde los vecinos, a 300 metros.

    Pero Édison –tranquilo pero entusiasta, humilde pero jamás resignado– ha sabido sobreponerse a todos los golpes que le ha dado la vida. Aunque por fuera se ve como un borreguito, por dentro tiene la fuerza de un león.

    La luz en la casa –pequeña, de apenas dos cuartos, piso de tierra y paredes de ladrillos crudos– es solo una de las tantas cosas que no ha tenido.

    Por eso siempre, desde niño, ha intentado hacer las tareas antes de que se oculte el sol. Pero muchas veces se le ha hecho tarde. Así que en la oscuridad de las noches ha tenido que alumbrar los cuadernos con la frágil y temblorosa luz de una vela.

    Las cosas cambiaron hace cinco años. Con el dinero que se ganó trabajando como jornalero en unas vacaciones –siempre ha trabajado al jornal en las vacaciones, echando azadón, desyerbando, fumigando– se compró un teléfono celular. Uno con linterna, que dispara un chorrito de luz. Y así sacó adelante su bachillerato, se graduó con honores, obtuvo el mejor puntaje en las pruebas del Icfes en su colegio –321 puntos– el puesto 12 en Ramiriquí, y se ganó una beca para estudiar arquitectura.

    Un artista en el campo

    Sus manos son gruesas, ásperas, como las de todos los labriegos. Habla pasito, como con la voz empujada por un motor que se está quedando sin combustible, con ese acento noble y tímido de los campesinos boyacenses. “Con la mano derecha cojo el celular y alumbro, y con la izquierda, escribo. Soy zurdo”.

    ¿Y cómo carga el celular si no tiene luz en la casa?

    Debe caminar diez minutos hasta donde unos vecinos que le dejan conectar un teléfono sencillo que dura cargando tres horas. La batería aguanta dos días. A veces lo deja y vuelve. O se queda sentado por ahí, estudiando, escribiendo cuentos o haciendo lo que más le gusta y lo que mejor sabe hacer: pintar.

    Los profesores pueden ser inspiradores o nefastos en la vida de los estudiantes, pero a Édison le tocaron de los buenos. Uno de ellos es Abdías Vargas.

    “Este muchacho es extraordinario. Lo que más admiro de él es su don de gentes y su dedicación. Tiene un talento excepcional para el dibujo, el arte y el diseño”, dice el educador, quien también es escritor de libros infantiles.

    Precisamente, Édison ilustró uno de ellos, un cuento llamado ‘El conejo Jeremías’. Un conejo que recorre el campo recogiendo zanahorias y flores para la coneja de la que está muy enamorado.

    También pintó con arcoíris, montañas, vacas, bosques y mariposas la Carreta Biblioteca, una carretilla de uso agrícola que el profesor Abdías llenó de libros para fomentar la lectura entre los niños del pueblo.

    En la entrada de la Institución Educativa Agropecuaria El Escobal, donde Édison es su egresado más ilustre, hay un colorido mural que él pintó a comienzos de este año. En el mural hay un duende, un pájaro que va a la presa, árboles, un río y varios campesinos.

    Hasta aquí, de lunes a viernes, Édison debió caminar una hora. Y una más de regreso, por un camino empinadísimo. El bus escolar del municipio no llega hasta su casa, la más lejana del pueblo. “Son 18 kilómetros al día los que hay que caminar”, dice Édison sin el más mínimo asomo de lamento.

    Édison no se queja

    Antes iba en bicicleta, pero ya no puede porque en mayo pasado tuvo un accidente jugando fútbol y se fracturó el peroné izquierdo. Estuvo un mes enyesado, incapacitado. Y en ese mes se perdió el curso pre-Icfes del colegio –aun así fue el mejor–.

    Nunca tuvo terapias de rehabilitación, así que la pierna izquierda le quedó floja. Por eso camina medio chueco. Tampoco puede jugar fútbol...

    Pero Édison no se queja.

    Su colegio es pequeño. Solo tiene un patio con cancha de microfútbol para 280 niños y jóvenes, que estudian amontonados en 10 reducidos salones y que deben hacer el aseo porque la institución es tan pobre que no tiene para pagarle a una persona que se encargue de esas labores. Eso lo cuenta la rectora, Claudia Sánchez, quien cree que Édison es toda una inspiración.

    La mamá de Édison se llama Ana Celia Ortiz. Es la mamá de Édison y de otros 10 hijos: cinco hombres y seis mujeres. La mayor, María Lilia, tiene 42 años, y el menor es él, de 18.

    Ana Celia es la estampa típica de las abuelas de Boyacá: el pelo blanco y largo recogido en una trenza, las mejillas coloradas; lleva un saco motoso que la cubre del frío y un sombrero de ala corta. Es una mujer sencilla, de pocas palabras, que no sabe leer ni escribir.

    Su esposo, José Benjamín, murió de un infarto hace cuatro años. También era analfabeta. Y de sus 11 hijos, el único que logró ser bachiller fue Édison. Los demás, dice ella, se salieron del colegio para ponerse a trabajar. Las mujeres son amas de casa o trabajan en cafeterías del sur de Bogotá, y los hombres se ganan la vida en oficios varios. Viven con muchas necesidades, dice ella.

    “Ya tengo 64 años y estoy muy enferma de la artritis”, suelta Ana, sentada en un tronco de madera que hace las veces de comedor y sofá. “Son 66, mamá”, la interrumpe Édison.

    –¿Y de qué viven?, pregunto.

    –De la ganadería, contesta Édison. Con inocencia.

    La ganadería son dos vacas y un ternero. Las dos vacas producen tres litros de leche al día. Cada litro lo pagan a 700 pesos. Así que el único ingreso del hogar son 2.100 pesos diarios. El patrimonio familiar también son los huevos que producen diez gallinas y que Ana Celia vende todos los viernes cuando baja al pueblo.

    Ella tampoco se queja, pero reconoce que muchas veces Édison ha tenido que irse a estudiar con el estómago vacío porque no ha habido ni agua de panela. Ni una papa. “Este muchacho es una belleza que me dio Dios”, dice y llora.

    Los ojos negros de Édison se ven más brillantes cuando habla de lo feliz que está por la beca universitaria. Pero lamenta tener que dejar a su mamá y a su hermana solas, porque ellas no quieren dejar este paraíso en el que viven para ir a encerrarse en una casa ajena de la capital; lamenta tener que dejar ese reino suyo que es el campo.Le aterra lo grande y estresante que es Bogotá.

    En el cuarto donde duerme con su mamá hay una Biblia y un dibujo con un mensaje: ‘Dios hizo todo hermoso’.

    –¿Cuál es su máximo sueño?

    –Serle fiel a Dios. No manchar mi nombre ni mi dignidad. Ese es mi sueño primordial. Y ya en lo terrenal, ser arquitecto, pintor y, si se puede, diseñador gráfico.

    Édison cree en Dios, pero no en las instituciones religiosas. Por eso, dice, lee el Evangelio, intenta practicar los Mandamientos y ser una buena persona. Y suelta frases: “Dios nos dio una misión en la vida, nos hizo únicos, nos dio dones... La disciplina, tarde que temprano, termina de vencer a la inteligencia...”.

    Empieza a oscurecer en las montañas de Ramiriquí. El celular de Édison se está quedando sin batería.

    Pero él no se queja.

    José Alberto Mojica Patiño

    Enviado especial de EL TIEMPO

    Ramiriquí (Boyacá).

    josmoj@eltiempo.com

    http://www.eltiempo.com/multimedia/especiales/becas-del-gobierno-ni-la-oscuridad-pudo-vencer-el-deseo-de-dison-por-aprender/14937521

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